No sentencien a la Justicia

José Manuel Velasco EN LÍNEA

OPINIÓN

J. M. CASAL

21 ene 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando los partidos políticos de la derecha, el eje del apocalipsis, y los que soportan el Gobierno, especialmente los que visten de común lo que comienza a ser extraordinario (por ejemplo, una pareja de hecho sentada de derecho en un consejo de ministros y ministras) cuestionan la independencia de la Justicia están utilizando el mismo argumento que los independentistas catalanes para saltarse la ley.

La Justicia, uno de los pilares fundamentales del Estado de derecho, no puede estar permanentemente sometida al prejuicio partidario. Las formaciones políticas prácticamente sin excepción están poniendo de actualidad una frase pronunciada por Albert Einstein hace 75 años: «¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio». Este juicio previo a la Justicia es una carga de profundidad contra el sistema democrático porque deteriora los cimientos de uno de los pilares sobre los que se asienta: la equidad que deriva del hecho de que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, principio hermano del que contiene «una persona, un voto».

En pocos ámbitos queda refugio para la igualdad. El sentimiento de amparo del ciudadano de la calle frente al ejercicio arbitrario del poder es esencial para conservar la confianza en el sistema. Un «sistema» o forma de organizar la convivencia que, en contradicción con el principio socializador de garantizar el bienestar, asiste a un crecimiento acelerado de la desigualdad medida en términos económicos. La asimetría en el acceso a los recursos relativos al peculio ya hace sospechar a muchos ciudadanos que un buen abogado es la mejor forma de que la ley le dé la razón o, cuando menos, de que su peso quede aligerado en caso de que se la niegue. En este contexto, sería dramático para la salud del sistema sumar la presunción de que las sentencias están sometidas al filtro ideológico de quienes las emiten.