¿Un paso atrás? España no aprendió nada de la crisis


La promesa de derogar la reforma laboral del 2012 es uno de los elementos más importantes del programa del Gobierno de coalición formado por PSOE y Podemos. Pero, ¿qué entiende el Gobierno por «derogar la reforma laboral»? Fundamentalmente, volver al marco de relaciones entre trabajadores y empresarios que existía con anterioridad al 2012: en primer lugar, recuperar la primacía de los convenios colectivos sectoriales con ámbito de aplicación provincial sobre los acuerdos en el ámbito de la empresa sin posibilidad de «descuelgue» y recuperando la ultra-actividad; segundo, volver a centralizar las políticas activas de empleo dejándolas de nuevo en manos de patronales y sindicatos; tercero, aumentar los costes de despido para los trabajadores temporales y a tiempo parcial; cuarto y último, restringir (o incluso eliminar) el despido por causas económicas.

Si bien estos se perfilan como los planes originales del nuevo Gobierno, sus representantes son conscientes de la dificultad de llevarlos a cabo y, en algunos aspectos, la práctica imposibilidad de su aplicación. La reforma del 2012 supuso algo más que un cambio de una ley: fue un cambio de mentalidad en el tejido productivo español. Concebida como una ley de urgencia para detener la sangría de despidos pasando el ajuste vía cantidades (parados) a la vía de los precios (bajadas de los salarios), se ha colocado como una de las reformas estructurales más importantes que ha realizado España. Tanto trabajadores como empresarios han cambiado su cultura, son conscientes de que hay que negociar face-to-face con mecanismos de ajuste vía salarios, condiciones de trabajo, evaluación de la situación individual del negocio de la empresa…

El paso atrás para volver al marco institucional anterior al 2012 pretendido por el Gobierno evidenciaría que España no ha aprendido las lecciones básicas de la crisis de 2008. Más aún, desea incidir en un diseño de mercado que ha llevado a que España tenga la segunda tasa de desempleo más elevada de la Eurozona (solo superada por Grecia) y, lo que es más grave, tasas muy elevadas de paro juvenil (rozando el 35%) y el mayor paro estructural de la OCDE (15,3% último dato disponible de 2015). Este elemento es fundamental, ya que España no solo no ha reducido el desempleo estructural sino que lo ha aumentado de forma continuada desde principios del 2000. Según la OCDE, mientras Alemania ha rebajado a la mitad el desempleo de equilibrio, Francia lo ha mantenido prácticamente invariante e Italia lo ha reducido un punto porcentual, España ha aumentado 2 puntos. Esto demuestra la grave asimetría del mercado laboral español: cuando la economía crece, el empleo crece por encima del PIB pero solo absorbiendo paro cíclico, mientras que cuando la economía cae, se destruye más empleo que actividad económica, llevándose por delante puestos de trabajo que difícilmente se pueden recuperar en el futuro. Aquí es donde hay que actuar, dejando la ideología a un lado.

Por Javier Santacruz Cano Analista y Economista

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