Más jefes que indios


No pretendo criticar al naciente Gobierno, yo les voté, pero una cosa es tratar de diluir la influencia de Podemos nombrando un Ejecutivo gigante y otra, muy distinta, es tratar de acabar con el paro con vicepresidencias y ministerios cuyo número tiende a infinito.

Este Ejecutivo dará trabajo a mucha gente, y no veo como un problema el incremento de gasto en los sueldos. Tampoco me parece razonable que lo critique la oposición, visto el gasto de la Comunidad de Madrid o de la de Andalucía. Sí creo que habría que nombrar una vicepresidencia que se dedique únicamente a la coordinación de vicepresidencias, porque, entre que son dos partidos y veintidós ministerios, los problemas surgirán pronto.

Para mí, el problema está en el origen. El cambio en la estructura del Gobierno es el reconocimiento implícito de que la estructura anterior no era la adecuada. Nace de la necesidad de repartir cargos y de amortiguar la cuota de poder de Podemos. No dudo de la capacidad de las personas elegidas, pero trocear el gobierno, cuando los retos no han cambiado en seis meses, no es un buen comienzo.

Puedo entender como un gesto que las cuestiones referentes a la transición ecológica asciendan de rango, pero nadie con sentido común entiende la separación de la cartera de Universidades de la de Investigación. El pacto forma parte, o debería, de la cultura democrática, pero eso no exige que el número de ministerios y altos cargos se incremente exponencialmente. Cualquiera puede suponer que si el Gobierno fuera el resultado de un pacto de cuatro partidos el número de ministros podría ser treinta, y así en progresión hasta que los tapiceros conviertan todo el hemiciclo en el banco azul, o, dicho de otro modo, acabemos con más jefes que indios.

No se confundan, me alegro de que la izquierda lidere el Gobierno, pero los cambios organizativos deben responder a nuevos retos y no a cuotas que los ciudadanos no entienden. Si países como Alemania o Suecia tienen en torno a una docena de ministros, que nosotros tengamos veintidós es una anomalía que debe ser explicada.

¡Cielos! Tengo que dejarles, me llaman de la Moncloa.

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