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El regreso del matrimonio Alcántara a la televisión nos ha dejado una sensación agridulce a los espectadores. Esta nueva versión de Historia de un matrimonio a la española no tiene nada que ver con la peli de Netflix, en la que Scarlett Johansson y Adam Driver llevan a extremo la convivencia de una pareja. Nada que ver. Merche y Antonio están separados pero están juntos en cada escena con lo cual pocos son los que han acabado por creerse esta ruptura después de 40 años de vida en común. Los Alcántara nos atraparon por ser el espejo de todos esos abuelos que resistieron los vaivenes de un matrimonio con la sabiduría del vecindario, el apoyo de la familia, el cariño de los hijos y toda una artillería de paciencia que, con los ojos de hoy, resulta inconcebible. Pero Merche y Antonio lo hacían creíble con todo el polvo debajo de la alfombra que se necesita en un buen guion. De ahí que resulte extraño, en esta temporada, verlos a cada uno por su lado pero con el interés de encontrarse cada dos por tres. Si Merche lo ha puesto de patitas en la calle, cualquier mujer sabe que para dar ese paso, tras 40 años de matrimonio, es porque está hasta la coronilla de él. Por eso todas estamos deseando verla desatada, dándose un buen revolcón y mandándolo a freír espárragos. Esa es la Merche que queremos ver. Si no, mejor volver al matrimonio clásico.

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