Llegan los Reyes


Yel tercero es fuscus, según cuenta el Beda. De los tres es el negro, el moreno y el más joven. Sus nombres, siguiendo el Liber Pontificalis impreso en el año 845, son: Melichior, Gathaspa y Bithisarea, naturales de Sava, de Aya y de Cashan.

Según las crónicas de la iglesia copta eran sesenta y cuatro; los sirios estimaban en doce a sus majestades orientales, equiparándolos a los doce apóstoles, pero hubo un acuerdo que fijó en tres la comitiva real que, siguiendo una estrella, llegó a Belén cuando el Niño Jesús tenía trece días.

Y llevaron oro, por si era un rey terrenal, incienso por si el recién nacido era dios, y mirra por si fuera a ser médico. Jesús aceptó los tres y regaló a Melchor, Gaspar y Baltasar un cofre pequeño que al regresar abrieron y descubrieron su contenido: una piedra que al rendir viaje arrojaron a un pozo para esconderla, y del brocal salieron lenguas de fuego que ascendieron a lo alto hasta alcanzar el cielo. Boris Pasternak, en su bello relato La estrella de Navidad, describe la llegada de los señores reyes al portal, como un paisaje de invierno: «Soplaba el viento de las estepas».

Contaba mi madre que el regalo que cada madrugada del 6 de enero era más de su agrado consistía en una naranja de Levante, redonda como el sol, que madre conservaba durante largo tiempo. Ya llegan los reyes con su séquito de palafreneros, con sus rebaños de camellos cargados de regalos que serán repartidos en los hogares donde al menos haya un niño. Es la Epifanía una fiesta gozosa llena de alborozos infantiles, últimamente amenazada por un enviado gordinflón que se adelanta a la Nochebuena para intentar fastidiar a los señores de Oriente.

En esta epifanía del primer año de la década del veinte hay un intento de acercar a los Magos a Santa Claus a cambio de la abstención en la investidura de Melchor & Cia.

La promueve un tal Sánchez, que confunde las monarquías y a quien, seguramente, cuando era niño los reyes se olvidaron de traerle el Scalextric y la bicicleta.

Pero el pacto entre los símbolos de la Navidad es falaz, porque Papá Noel sigue siendo radicalmente independentista y el socio de Sánchez, el señor Iglesias, está convencido de que los reyes son los padres.

Craso error, yo mismo al menos en dos ocasiones rendí pleitesía ante la tumba de sus majestades en la catedral de Colonia, y estoy seguro que en la mañana del lunes 6 me dejarán una preciosa naranja redonda como el sol. A lo mejor sus gajos son de caramelo o puede que esté escarchada con azúcar líquido. Ya llegan los Reyes.

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