El científico del PNV


He dejado pasar la época de elecciones para que también, iluso de mí, pasase el cabreo electoralista suscitado por los debates. No se preocupen, no voy a dar la murga escandalizándome aquí con las barbaridades que hemos oído y no fueron contestadas; eran otros los que deberían haberlo hecho. Quiero centrarme en una afirmación-propuesta programática (¡caray, qué fácil sale esto del lenguaje politiqueiro!), que, aparentemente, ha pasado desapercibida y que a mí me dejó estupefacto. La hizo el señor Aitor Esteban en una de sus intervenciones mientras defendía de forma aburrida y cansina la sólida política del PNV en el País Vasco. En medio del hastío y de somos fantásticos que bien lo hacemos, de repente, ¡un estremecemento!: «Hay que dejar de invertir en investigación básica y dedicarse a financiar proyectos aplicados» (o algo muy parecido). Aburrido como estaba y repanchingado en el sofá, pegué un brinco y recordé al admirado Forges: ¡Gensanta, qué dice este señor!

Inmediatamente se me ocurrió que había dos explicaciones. O no tiene la más mínima idea de los que está hablando, es decir no sabe nada de política de I+D+i (y sus asesores menos), o hace bueno aquello de que como los de Bilbao nacen en donde les da la gana, también, si quieren, del frontón de Elorrieta nos sacan un acelerador de partículas.

Afortunadamente la realidad es otra, y los buenos centros de investigación vascos y los excelentes científicos que existen en Euskadi, que son tropa, pondrán estas afirmaciones y a quien las dicen en su sitio, y todo quedará en un desliz de campaña, pero también toca las narices que haya ocurrido en aquellos momentos -léase período electoral- en que todos los políticos se acuerdan de la ciencia y de la cultura para, a abrazo seguido, si te he visto no me acuerdo.

Para que voy a aburrirles con ejemplos que dejan muy claro que la ciencia básica es eso, la base de la ciencia, del conocimiento y de la ciencia aplicada. Que no hay atajos y que por muy de Bilbao que se sea, el agua no se convierte en vino en los batzokis ni por el Nervión baja leche y miel. Para que desde Stanford, el MIT o las grandes factorías vascas, «de repente» hayan aparecido, las técnicas de edición del genoma, Internet o un equipo de resonancia magnética, han sido necesarios muchos años de investigación fundamental de matemáticos, físicos, químicos, ingenieros y médicos para que el señor Esteban pueda tener una detallada imagen de su cerebro en donde se pueden apreciar con precisión forma y función. Lo triste es que, si pudiéramos observar el contenido de sus ideas sobre el futuro de la ciencia, lamentablemente veríamos lo mismo que en muchos políticos, el vacío más espantoso.

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