ERC consuma su burla hacia España


No se sabe si es de humor o de terror, pero la película es ciertamente esperpéntica. Hace menos de un mes y medio, la Justicia condenó por sedición a los dirigentes de los partidos independentistas por haber dirigido un proceso en el que se produjeron «indiscutibles episodios de violencia» que obedecieron a una estrategia «preordenada de forma directa» por los procesados, que impulsaron un «levantamiento tumultuario» en el que, alentados por ellos, grupos de ciudadanos se enfrentaron a las fuerzas de seguridad para «impedir a toda costa» el cumplimiento de resoluciones judiciales. La Abogacía del Estado, que representa a todos los españoles, defendió que sin ninguna duda se cometió un delito de sedición. El principal cabecilla de esa revuelta contra el Estado fue el líder ERC, Oriol Junqueras, condenado a nueve años por aquel alzamiento y también por malversación. Desde entonces, Junqueras no solo no ha mostrado arrepentimiento, sino que asegura que lo volverá a hacer a la menor oportunidad.

Pues bien, solo unos días después de esa condena por unos hechos gravísimos, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha dejado la gobernabilidad de España en manos de ese hombre, cuyo objetivo principal es acabar con la unidad de la nación consagrada en la Constitución y que impulsó una declaración unilateral de independencia de Cataluña. Y, gracias a ello, ayer asistimos al colmo del surrealismo y de la burla hacia todos los españoles, con una consulta en la que los militantes del partido que impulsó aquella violencia y respaldó los salvajes actos de vandalismo tras la sentencia, decidían con su voto, e imponiendo sus condiciones, si España puede tener o no un Gobierno. ERC, partido en el que Sánchez pretende apoyarse para ser investido, pero también para gobernar, tiene una alianza con EH Bildu, fuerza política dirigida por un terrorista condenado por secuestro como Arnaldo Otegi, hasta el punto de que ambas formaciones han acordado mantener la misma posición en la próxima votación de investidura.

La decisión de someter la gobernabilidad de España al criterio de sus mayores enemigos, y la de aliarse con ellos para formar una mayoría parlamentaria, no solo es una insensatez que destroza cualquier argumento jurídico en contra de los sediciosos de cara a los recursos planteados por estos en los tribunales europeos, sino una apuesta segura por la inestabilidad, dada la probada deslealtad de ERC, que tras apoyar la moción de censura contra Rajoy terminó forzando a Sánchez a convocar elecciones al no respaldar sus Presupuestos. La magnitud de la aberración que supone poner el Gobierno de España en manos de un partido que quiere destruirla se comprende mejor si se tiene en cuenta que en el Parlamento hay tres fuerzas comprometidas con la Constitución, PSOE, PP y Ciudadanos, que suman 253 de los 350 escaños de la cámara. Pero Sánchez prefiere gobernar con quienes abominan de la Constitución de 1978. Y hacerlo, además, encadenándose a un delincuente como Junqueras. Definitivamente, la película es una comedia de terror.

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