El anuncio


Fue publicado en este diario y provocó en mí una reflexión profunda, al menos tanto como la gratitud generada en estas torpes líneas. El anuncio estaba compuesto por una fotografía de un acelerador True Ben instalado en el Hospital Clínico Universitario de Santiago. La máquina, el artefacto retratado, pertenecía a la más puntera de las tecnologías para combatir el cáncer. La Xunta de Galicia había sido la encargada de la inserción publicitaria, pero lo más notable era que señalaba que el aparato que se ponía en marcha era una donación de la Fundación Amancio Ortega. 

Siempre he distinguido la diferencia entre filantropía y caridad, entendida la primera en su interpretación etimológica como el amor sin contrapartidas por los semejantes, frente al concepto religioso de la caridad con el componente básico de la fe.

Lo contrario a la filantropía es la misantropía que en su origen lingüístico expresa el odio por el ser humano.

Contra Amancio Ortega se vertieron eslóganes y consignas, rayando la difamación, por parte nada menos que del vicepresidente in pectore del Gobierno de España diseñado ad futurum por Pedro Sánchez. Pablo Iglesias utilizó las generosas donaciones de Amancio Ortega como diana electoral a la que lanzar sus dardos envenenados.

Yo, como gallego, me siento orgulloso de que una Fundación radicada en mi tierra, donde se asienta Inditex, que es el origen primero, el soporte del mecenazgo, ejerza tan importante política de donaciones en todo el Estado, y este artículo quiere subrayar mi gratitud manifiesta.

Conocí a Ortega en los años ochenta. En un viaje de mi recordado José Mario Armero, abogado ilustre y presidente de Europa Press, con motivo de la presentación de un libro sobre el circo español, que escribimos conjuntamente, cenamos con el genial Máximo Sanz, una persona que inventó la comunicación publicitaria en Galicia. Justo en la mesa de al lado estaba sentado Amancio, al que nos presentó Sanz, aludiendo de manera netamente visionaria a un futuro todavía lejano. Nos dijo textualmente: «Este hombre se va a comer el mundo». Y así ha sido.

Las fundaciones no son un instrumento legal para cuadrar capítulos económicos. Bill Gates es un modelo de filántropo, como Amancio Ortega es un ejemplo de bonhomía. Su trayectoria está construida con abnegación y trabajo, con el I+D más imaginativo y práctico. Y desde Galicia. Ojalá tuviéramos en esta esquina de Finisterres diez empresarios como él. Otro gallo nos cantaría.

Les aseguro que me emocionó el anuncio, tanto como me indignó la denuncia pueril y obsesiva de Pablo Iglesias.

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