«El método Kominsky» mejora con la edad


Puede que la moda y la televisión promuevan el culto a la juventud, pero existen series que saben cómo reflejar el poso de la edad sin perder frescura y servir momentos que inspiran para aprovechar la vida hasta la última gota. Como esa Jane Alexander de Modern Love, corriendo al trote por las calles de Nueva York. O ese intenso vínculo vital entre dos seres tan distintos como Norman Newlander y Sandy Kominsky, que no son abuelos, son personas, en El método Kominsky. La segunda temporada de la serie mejora con la edad y demuestra que el Globo de Oro a la mejor comedia que recibió la primera no fue un espejismo. En las nuevas entregas llegadas a Netflix la relación entre ambos se hace más estrecha al tiempo que lidian con nuevas parejas, hijos y altibajos vitales.

Subyace en la serie de Chuck Lorre el humor negro que destilan dos veteranos del negocio de Hollywood al afrontar los achaques de los años y reflejar sus circunstancias en diálogos que se mantienen brillantes. Ocurre cuando el ácido Norman sentencia que, a los ochenta años, acudir al funeral de un conocido es lo más parecido a hacer vida social. Y cuando ambos se sientan a tomar algo en su garito favorito de Hollywood Boulevard y un camarero senil y tembloroso consigue con dificultad llegar hasta su mesa con toda la cristalería intacta. «Haciendo excitante lo mundano», sentencian.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

«El método Kominsky» mejora con la edad