Mitinea, que algo queda


Cuando llega una campaña electoral rara vez los políticos, puestos a elegir entre lo que es correcto y lo que es fácil, deciden optar por lo primero. El presidente del Gobierno en funciones proclamó en un mitin reciente (no sé en cual, porque Sánchez es ya un maestro en el arte de repetir banalidades) que el número de independentistas se había triplicado en Cataluña durante la presidencia de Rajoy.

Resulta, sin embargo, que como hoy disponemos de Internet es posible verificar en tiempo récord la limpia veracidad o la obscena falsedad de una afirmación de tal naturaleza. Veamos pues los datos.

Según el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO, el llamado CIS catalán) el porcentaje de partidarios de la independencia estaba en Cataluña en octubre del 2011, dos meses antes de que Rajoy tomará posesión de la presidencia, en el 45,4 %. Según el mismo CEO ese porcentaje era en julio del 2018, un mes después de perder el entonces líder del PP la presidencia tras la moción de censura del PSOE, del 46,7 %. Es decir, una diferencia de un 1,3 %, a distancia sideral de la supuesta ¡triplicación! de separatistas que, según Sánchez, Rajoy habría provocado. De ser cierta la afirmación del candidato socialista, en Cataluña habría ¡más independentistas que catalanes (el 136,2 %)! A Sánchez debería recordársele, por ello, aquella reflexión que April Wheeler (insuperable Kate Winslet) dirige a su marido en esa maravilla película que es Revolutionary Road: «Nadie olvida qué es la verdad. Solo nos sentimos más diestros mintiendo».

Supongamos, pese a todo, que fuera cierto el dato de que el número de separatistas se hubiera triplicado en Cataluña durante el período de gobierno de Rajoy. ¿Querría eso decir que tal fenómeno sería directa consecuencia de la política territorial aplicada por el PP en Cataluña, que, de tan errática, habría provocado un impresionante crecimiento del separatismo? Si aceptásemos una forma de razonar tan poco concluyente, según la cual las coincidencias temporales de dos fenómenos los sitúan siempre en una relación de causa-efecto, habría que afirmar que los gravísimos disturbios que durante una semana entera asolaron las principales ciudades catalanas son responsabilidad de quien ocupaba entonces (y ocupa aún) la presidencia en funciones del Gobierno, es decir, de Pedro Sánchez.

Creo -como lo creen todos los sindicatos policiales- que la gestión del Gobierno en funciones frente a la terrible crisis de seguridad pública y alteración de la paz civil que desde la semana del 14 octubre vive Cataluña resulta manifiestamente mejorable, pero ni por asomo se me pasaría por la cabeza la canallada de hacer responsable de los disturbios al Gobierno por el mero hecho de que tuvieran lugar durante su mandato.

Pero yo, claro, para fortuna inmensa mía, personal e intelectual, no tengo que andar por ahí diciendo cosas insostenibles en los mítines, en los que de forma general la parroquia pide circo.

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