Pon un clon en tu vida


Más de uno firmaría para que el reloj corriera siempre más lento y todos los días del año tuvieran 25 horas. Una de las opciones que la ficción ha barajado para ganarle tiempo a la vida es la de poseer un doble en el que delegar las cargas pesadas y al que poder mandar al trabajo los lunes, como ocurría en aquella comedia de los noventa Mis dobles, mi mujer y yo. El doble ha tenido otras veces una función instrumental, como aquel ortopedista obligado a suplantar a Franco en las situaciones peligrosas que plasmó Antonio Mercero en Espérame en el cielo. O puede, como ya imaginó Dostoievski, ser una amenazante copia corregida y mejorada.

Netflix se aproxima a esta idea con su comedia negra Cómo vivir contigo mismo, en la que un empleado de una agencia de publicidad que atraviesa un bache personal y laboral acude a un carísimo spa clandestino donde le prometen una transformación radical que sacará la mejor versión de sí mismo. El resultado consiste, en realidad, en crear un clon exactamente igual a él en el que resaltan solo sus virtudes. Para él quedan, en cambio, su desánimo, su frustración y sus defectos. La serie ofrece así una doble ración de Paul Rudd, que para muchos será por siempre el marido de la bohemia Phoebe en Friends. Partiendo de un enredo sobre la doble vida que evoca claves conocidas, sus tramas arrojan más oscuridad y momentos dramáticos que humorísticos. Su reflexión sobre la identidad y la aceptación saca a la luz los riesgos de encontrarse un buen día con alguien que intenta ocupar tu puesto en la vida y que no es otro que tú mismo.

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