Cómo provocar la aplicación del 155


Siempre estuvo claro que los partidos independentistas catalanes buscan la independencia de Cataluña. Para eso nacieron, para eso crecieron y para ese objetivo solicitan los votos en las elecciones. Esto último no lo hicieron siempre, pero ahora lo hacen gracias a la libertad de pensamiento que les garantiza la misma Constitución que se empeñan en violar. La única limitación que tienen es someterse a las leyes, como cualquier otro ciudadano o cualquier otra opción política. Si no se someten a las leyes, están cometiendo delito.

La diferencia de las últimas embestidas contra el Estado y las anteriores es que el secesionismo se ha instalado directamente en la insumisión. Por lo menos, en el desafío a la legislación y a las instituciones estatales. Ese desafío le lleva a una mística de mártires desde la cual el presidente del Parlamento autonómico llega a decir que está dispuesto a asumir las consecuencias penales de su rebeldía. Lleva al señor Junqueras a decir al Gobierno de la nación que se meta el indulto por donde le quepa. Y lleva al independentismo a proclamar un derecho inexistente: el de un Parlamento regional a debatir y aprobar resoluciones que competen a toda la nación española y no solo a un territorio. Es el caso de la reprobación que pretenden de la monarquía o de la autodeterminación que afecta a la integridad territorial de España. Y no les vale el aviso de los letrados de la Cámara, que advierten de la evidente desobediencia al Tribunal Constitucional. Metidos en su obsesión insumisa, no solo desprecian leyes, sino informes y dictámenes que contradicen sus creencias.

Todo esto carece tanto de lógica, que solo tiene estas posibles explicaciones. 1) Ha comenzado la ofensiva que aprovecha los acontecimientos violentos de la semana pasada para dar un nuevo empujón al secesionismo. 2) Estamos ante una reedición de las resoluciones del 6 y 7 de septiembre de 2017, cundo se aprobaron las famosas leyes de desconexión con absoluto desprecio de los partidos constitucionalistas. 3) Siguen tratando de enfrentar la supuesta legitimidad catalana y la constitucional legitimidad española con el fin de agravar todavía más el conflicto. 4) Quieren lanzar a sus fieles el mensaje de que cumplen aquello de «lo volveremos a hacer» y estos son los primeros pasos. Y 5) Estamos ante una provocación al Tribunal Supremo con su desacato y su rechazo a la sentencia, y al Tribunal Constitucional para que se empiecen a exigir las responsabilidades penales y poder sostener ante el mundo la teoría de la persecución. Es lo de siempre, pero con mucho más descaro, mucho más desparpajo desafiante y mucha mayor claridad. Un paso más y se pondrán al borde del 155, vaya por Dios.

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