Es el odio, carallo

Tomás Guasch FIRMA INVITADA

OPINIÓN

María Pedreda

18 oct 2019 . Actualizado a las 19:24 h.

Puede que a mil kilómetros, los que separan a mi Galicia de mi Cataluña, lo que estamos viviendo en Barcelona sorprenda. Ustedes tienen sus problemas, su vida. Pero de pronto, Barcelona arde. ¿Qué pasa? ¿Tan locos están? Pues sí: lo están. Locos de odio, esa es la cuestión.

Estamos ante el resultado de más de 30 años de una implacable pedagogía del odio en las escuelas, en la famosa TV3 y medios de comunicación regados por el dinero de un nacionalismo incansable. El silencio cómplice o el grito pelado de patronales, sindicatos, clubes deportivos… Un gota a gota de 30 años con una consigna definida: España es el enemigo. 30 años: Jordi Pujol. Y el día que alguien, Artur Mas concretamente, dio el pistoletazo de salida, lo de ahora era cuestión de tiempo. El enemigo estaba identificado. Faltaba el motivo. Fue la sentencia, pudo ser cualquier otra cosa.

Una realidad -España es la bicha- contra la que nunca peleó el Estado, en paulatina retirada de territorio catalán. Todos, derecha, izquierda, mediopensionistas... se pusieron de perfil. Les convenía para su aritmética del poder. Dame tus votos y haz lo que quieras en tu tierra. Y era razonable: ellos, con su 3 % y su manejo de todo lo importante en Cataluña, jamás romperían la baraja. Y este es el resultado: generaciones de jóvenes convencidos de que, en efecto, España les roba, les persigue, impide que Cataluña sea el mejor país del mundo.