La lección de Luisa


Cuando supe que Luisa iba a ser madre pensé que era una de las personas que más se lo merecían en el mundo. No solo por su grandísima bondad y su alta sensibilidad para serlo, sino por su lucha personal, por su convencimiento en culminar esa ansia que en ella era deseo. Cuando una mujer quiere ser madre y la vida se pone en contra, el sufrimiento es enorme. De pronto a su alredor todo son cunas y bebés, amigas embarazadas que hablan y hablan de su felicidad, de cómo les pondrán la habitación, el debate del nombre, y cualquier mínimo detalle, cualquier síntoma de ese estado de esperanza, a la mujer que sueña con ser madre le arañan el corazón. Se lo estrujan. Luisa era de esas mujeres que combatían esa lucha, que vivía ilusionada en que ese día llegaría. Y ese día llegó. Luisa dio a luz a Miguel en la semana 36, un bebé de 2.700 gramos que, como ella misma nos ha contado, tuvo que parir después de que supiese horas antes que no tenía latido. Luisa acurrucó a Miguel en su pecho, pasó ese trance con la valentía y la ternura maravillosa que ella tiene y se despidió de ese bebé que a partir de ese momento fue para ella una estrella. No puedo imaginarme su dolor y, aunque conozco su fortaleza, creo que después de luchar tanto por ser madre que haya tenido que pasar precisamente ella por ese sufrimiento es una de las más terribles injusticias. Pero sé que Miguel ha tenido la mejor madre y sé que Luisa todos los días nos da una lección a quienes leemos con devoción el blog en el que va contando golpe a golpe cómo es la travesía de perder a un hijo en el vientre y traerlo al mundo; cómo es adorar a un bebé que ha nacido muerto, pero que ha vivido y sigue viviendo dentro de tu ser. Luisa nos da cada día una lección de cómo es el amor infinito de una madre.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

La lección de Luisa