Un espía en tu bolsillo


El móvil es un vecino cotilla que tiene la oreja puesta a todas horas. Lo sabemos, pero lo sacrificamos todo por la oportunidad de vivir en conexión permanente. Ese aparato que nos acompaña a todas partes es un arma de espionaje al servicio de causas poco concretas, pero nos envía señales cada vez más evidentes de fenómenos extraños que no suceden por azar. Como esa extraña coincidencia entre aquello que buscamos o pronunciamos en voz alta y la publicidad que recibimos.

Lo demostró El hormiguero en una nueva sección sobre espionaje tecnológico con una prueba empírica que podría hacer cualquiera en su casa. El planteamiento era concluyente: todo lo que tenga micrófono y esté conectado nos escucha. Sin excepción. En el ensayo, un grupo de hombres se reunieron alrededor de una mesa y sobre ella depositaron sus móviles con las aplicaciones cerradas y el aparato en modo de espera. Durante diez minutos hablaron utilizando palabras que no son frecuentes en sus conversaciones, por lo que sus vigías tecnológicos no las habían escuchado antes. Comida de bebés, bolsos y plastilina fueron los temas de su charla. Pasado un rato cada uno de ellos accedió a Google y empezó a navegar por páginas que suelen mostrar publicidad. Los potitos, la pasta moldeable y las carteras de moda estaban allí.

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