El vomitivo Russell Crowe


A nada que una comienza a ver la serie La voz más alta se le queda el asco metido en el cuerpo. El de ese superjefazo de Fox News que se va haciendo cada vez más abominable a medida que el espectador descubre toda la cloaca sobre la que se fundamenta una cadena de televisión como la Fox. De este serión, en el que están Sienna Miller y Naomi Watts, destaca un vomitivo Russell Crowe, que engordado con almohadas, un maquillaje de brochazos y una papada descomunal, hace que su papel de Roger Ailes sea tan despreciable como atractivo, si no fuera porque los hechos que narra son reales. El ascenso de Trump, la explotación del morbo en el 11-S, el desprecio profundísimo a las mujeres, el manoseo depredador hacia las presentadoras que lo sufrieron se salpican en un guion jugoso y preciso, que alerta de la facilidad con la que los medios buscan su fin. A Russell Crowe cuesta reconocerlo como Gladiator, nada que ver este Roger Ailes airado, cínico y manipulador que moviliza a las masas con un liderazgo a prueba de bragueta. «La gente no quiere estar informada, quiere sentirse informada», apunta Ailes, en esa apelación primitiva al instinto y al sentimiento sobre el que se cimenta una compañía que busca como carroña más audiencia. Sin ningún escrúpulo. Russell Crowe está enorme. Es literal. No se la pierdan.

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