Que lo paguen en las urnas


Si los políticos han llegado a un alto grado de desprestigio se debe, principalmente, a un modo de actuar basado en la creencia de que viven en la impunidad política. Se creen que casi nada de lo que hacen les pasa factura, que pueden decir una cosa y al día siguiente la contraria sin rubor alguno porque les sale gratis. Así sucedió en su momento con la corrupción en el PP y así está pasando con quienes dirigen este país ahora mismo.

El último ejemplo es el de los ya famosos 700 millones de Hacienda que reclama la Xunta de Galicia, amén de otras cantidades que se exigen desde comunidades autónomas diferentes dirigidas por partidos distintos. Semejante cantidad de millones no es para Galicia un asunto menor precisamente. Son de vital importancia para el desarrollo de políticas de primera necesidad que repercutirán en el bienestar de las personas. Pero Pedro Sánchez (se supone que tiene ascendiente sobre la ministra de Hacienda) decidió usar este dinero para chantajear a la Xunta y amenazar con no ceder ni un euro si no se apoyaba la investidura. Además, desde el ministerio esgrimieron argumentos legales para hacer ver a todo el mundo que lo que se pedía era imposible porque las leyes están para cumplirse.

Y ahora, justo después de convocarse las elecciones, resulta que Hacienda ha dado con la varita mágica que permitirá desbloquear más de 4.000 millones para las autonomías. Vamos, que de ser imposible legalmente a todo lo contrario. Sin duda, un vergonzoso uso partidista de las instituciones y un desprecio para todos los gallegos en particular, a quienes no es que hayan tomado de broma, sino que los han tenido de rehenes de una lucha por el poder.

Los políticos confían en que sus mentiras nunca les pasarán factura. Y desde luego que si lo hacen es porque tradicionalmente ha sido más o menos así. La ciudadanía ha tragado con todo, dando igual el bando del que hablemos. Pero llega un momento en que los administrados deberían de tomar medidas en defensa propia. Y no hay mejor herramienta para defenderse de los usos torticeros del poder que las elecciones. El voto puede ser un arma defensiva tremendamente efectiva para acabar con esa sensación de impunidad con la que actúan estos políticos. Sánchez se merece un tirón de orejas en las urnas por actuar así, por creer que el sillón en la Moncloa es exclusivamente suyo y usarlo descaradamente para sus fines.

No se trata ya de que los políticos sean mejores o peores, sino que pueden llegar a convertirse en enemigos de los propios ciudadanos. Porque enemigo es quien convierte la noble vocación de servicio público en un juego de trileros. Y qué decir sobre el papelón que Sánchez está obligando a hacer a los socialistas gallegos. Es un gran papelón que Gonzalo Caballero y Javier Losada se vean arrastrados por la inercia perversa de la lealtad al partido y no por el servicio público. La verdad es que sería de valientes que, cuando menos, ofrecieran un guiño que nos hiciera ver que no se chupan el dedo y que, primero, está Galicia.

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