¿Cuándo perdimos la razón?


Somos tierra gozosa. Galicia, particularmente. No hace falta pensar demasiado para saber que los sajones que nos visitan son menos felices que nosotros. Y qué decir de los teutones, que entre dolce farniente y gastronomía han descubierto en el sur de Europa el bálsamo de todas sus seculares melancolías. Sus nibelungos eran, en el fondo, unos atribulados incapaces de sostener la alegría. Galicia ofrece, de par en par, las ventanas abiertas de la prosperidad. Lo digo con conocimiento de causa. Viajar es, también, escrutar los agujeros de otros. Ahora está de moda Portugal, pero Portugal está a una distancia considerable de Galicia. Para entendernos, y en román paladino, aquí se vive mejor. Por eso me pregunto cuándo hemos perdido el sentido común, o la razón, para pasarnos el tiempo tirando piedras contra nosotros mismos. Que no haya un gobierno a la vista es el síntoma de nuestra pérdida de «sentidiño». La cuestión que me incomoda es saber cuándo fue. Cuándo perdimos la razón. Cuándo nos dio por votar lo que votamos y decidir que había que terminar con la prosperidad.

Son muchos los que piensan que Alonso Quijano fue el primero en volverse loco después de leer tantos libros de caballerías. Pero no es cierto. Fueron muchos los lectores del Amadís de Gaula los que enloquecieron. Y no solo ellos, yéndonos al Entremés de los romances, un libro de autoría anónima, descubrimos que un labrador pierde la razón leyendo el Romancero y se pone a imitar las glorias de sus héroes. Quijano vino después. Pero logró un triunfo que nadie menciona y yo quiero recordar: después de la publicación de El Quijote no se publicarán más libros de caballerías. He aquí otro más de sus múltiples méritos.

 En la política ha sucedido también. Muchos que siguen las hazañas que algunos cuentan han querido imitar a sus héroes: y por ello los votan. Todo comenzó, esa es mi teoría, en el 2004. El Partido Popular gestionó tan mal los atentados de Atocha, y tan bien lo aprovechó la prensa afín al PSOE, que nos llegó Rodríguez Zapatero. Un año después en Galicia se quiso jugar el mismo juego y le arrebataron la mayoría absoluta a Manuel Fraga. Lo del bipartito gallego quién no lo recuerda. Fue tan delirante que tres lustros después aún nos resulta incomprensible. Tan incomprensible como el día aquel en que tres ciudades decidieron que las gentes de las mareas las gobernasen. Poco duró. Y aquí estamos. Caminando septiembre sin gobierno en España y con algunos pensando que la Xunta puede cambiar de inquilino, o sea, que en vez del bipartito del año cinco nos gobierne el pentapartito del año 20. Por todo ello voy al título del artículo para decir exactamente lo que decir quiero. ¿Cuándo perdimos la razón?

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