Dinero llama a dinero


No voy a referirme al dúo italiano (Ricchi e poveri) que triunfó con sus canciones en los lejanos años ochenta. Trataré de aproximarme al incremento de ricos en esta España dual en donde crece el numero de grandes fortunas y no decrece la «famélica legión», el número de pobres.

 En un informe reciente de la Agencia Estatal de Administración Tributaria se da cuenta del incremento de ricos españoles, de ricos nuevos que no hay que confundir con nuevos ricos aunque muchos de los incluidos en la nómina, lo sean. El crecimiento ha supuesto sobre los datos de 2011, un 74 por ciento pasando de 352 a 611 contribuyentes que han declarado poseer al menos 30 millones de euros. En la parte más baja con más de 1, 5 millones de euros crecieron un 35 por ciento, totalizando 60.337 españoles.

En Galicia los contribuyentes que han declarado una cifra superior a 700.000 euros, el mínimo exento para el Impuesto sobre el Patrimonio, sin incluir la vivienda habitual cifrada en 300.000 euros, ascienden a 7.860.

Estos datos tomados a vuela pluma, suficientemente someros para no resultar tremendamente escandalosos son la cara de una cruz que sitúa a 9.950.000 compatriotas, a un 21,5 por ciento de la población española, en el umbral de la pobreza según datos del 2018.

Los ingresos para ser pobre en España son de 8.871 euros año. Los pobres ganan, como siempre, a los ricos por goleada. Y no les voy a aburrir con los datos de los países de nuestro entorno, porque no quiero hacer de este articulo, convertirlo, en una depresión colectiva. Aquí tengo que recordar que el nuevo salario mínimo profesional fue incrementado este mismo año hasta fijarlo en 900 euros.

Si tenemos en cuenta que en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia resulta milagroso encontrar una vivienda en alquiler por menos de 650 euros al mes, tienen datos como para juzgar ustedes mismos.

Los ricos españoles por tradición eran discretos en sus símbolos externos. Cerraban sus chalés con muros altos que impedían su visión, y mantenían sus piscinas fuera del alcance de miradas ajenas. Aunque tenían vehículos prémium circulaban en utilitarios y creíamos, ingenuos de nosotros, que el fuera borda que movía su barco en la costa era un yate. Pero los tiempos cambiaron y existe un consenso unánime que asegura que para bien. La duda es siempre un buen argumento intelectual.

España vale más, y nuestros acaudalados se van pareciendo cada vez mas, en usos y costumbres a sus homónimos europeos, aunque los que son idénticos a los pobres franceses o alemanes, son los nuestros, siempre remando a contra corriente sin que haya perspectivas de que cambie el viento a su favor.

Uno de los éxitos del dúo italiano citado al comienzo de esta columna fue Mamma mia. Exclamación a la que me uno para acabar este articulo. ¡Mamma mia!

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