La prodigiosa Teresa Portela


Allá por el mes de julio del 2008, Teresa Portela estaba en la recta final de su preparación para los Juegos Olímpicos de Pekín. Entonces, en una entrevista en La Voz, se le recordaba que estaba a punto de afrontar su tercera cita olímpica y que ya era «toda una veterana». La canguesa respondió: «No, qué va. Aún tengo 26 añitos. Lo que pasa es que mis primeros Juegos fueron con 18 y el tiempo pasa».

En la entrevista también se le preguntó sobre cómo sería su vida cuando se retirara: «No tengo esa previsión. Esto me gusta mucho y si las cosas me siguen yendo bien, seguiré hasta que llegue el día. Si el físico me aguanta y la cabeza también, continuaré. Aprovecharé lo que pueda porque estoy viviendo una etapa que nunca más volverá a repetirse».

Han pasado once años desde estas palabras. Hoy en día Teresa Portela no se ha retirado, se ha ganado el derecho a disputar sus sextos Juegos (primera española que lo hará), tiene 37 años y es madre de una niña. Y es, sin duda, la mejor deportista gallega de la historia. Porque si bien es cierto que a Teri le falta el lustre de los metales olímpicos, no es menos cierto que lo compensa su longevidad en la élite y su increíble palmarés en los mundiales: dos medallas de oro, seis de plata y siete de bronce, amén de casi veinte metales en los Campeonatos de Europa e infinidad de premios a nivel nacional.

Teresa Portela comenzó en el piragüismo a los nueve años, por lo que está cerca de alcanzar la treintena dedicada al mundo de la pala. Su sueño siempre fue la medalla olímpica que se le ha negado. Ya desde Atenas apuntaba a convertirse en la primera gallega en alcanzar un podio en unos Juegos. Pero no lo logró. Hay que suponer que observaría con cierta melancolía cómo Támara Echegoyen y Sofía Toro se hacían con el oro en Londres, o cómo Begoña Fernández alcanzaba el bronce con la selección de balonmano. Precisamente, en la cita londinense es donde Teresa Portela alcanzó su mejor resultado olímpico, con la cuarta plaza a solo una centésima de los metales. Aún lamenta el error en la salida que probablemente le dejó sin el podio: «No escuché la señal de atención y eso hizo que saliera tarde y que en los 200 metros solo pudiera remontar hasta la cuarta posición».

Pero a estas alturas, centrarse en lo que no logró a la hora de valorar la carrera de Portela es, además de una gran injusticia, un error de análisis. Ganar una medalla olímpica es un clímax deportivo, pero ¿cuánto vale estar veinte años entre las mejores? Durante todo este tiempo, Teresa Portela ha obligado a todas las adversarias que la han superado a dar lo mejor de sí mismas. Las ha llevado al límite, un año tras otro. Por ello, es justo decir que ahora mismo tenemos en Teresa a la mejor deportista gallega de todos los tiempos. Y que como tal hay que reconocerla ahora, que está en activo, y cuando llegue el momento de la retirada. Mientras tanto, la de Aldán seguro que piensa en la bala que le queda en la recámara: Tokio 2020.

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