El naufragio de La Medusa


El naufragio de la fragata La Medusa en 1816 supuso uno de los mayores escándalos de la historia de la Armada francesa. La ineptitud de los mandos del buque, nombrados por méritos ajenos a la náutica, provocó que La Medusa encallase en un banco frente a las costas de Senegal. Cuando el agua ya entraba a caño libre por las cuadernas, se ordenó la evacuación de la tripulación. Pero, como sucede en tantos naufragios, no había lanchas de salvamento para todos, así que más de 150 marinos fueron abandonados a su suerte en una tosca balsa.

Dos de los 15 supervivientes de la tragedia, el ingeniero Corréard y el cirujano Savigny, contaron todo en un escalofriante libro traducido al castellano por el gran Juan Carlos Martínez.

Me he acordado estos días de la lectura porque el relato detalla, con extrema minuciosidad, cómo la suma de la estupidez y la cobardía pueden llevar a la muerte a más de cien náufragos de los que nadie se quiso preocupar durante dos semanas.

Y porque han pasado más de dos siglos desde la traición del capitán Chaumareys, pero parece que no hemos aprendido nada y que seguimos eligiendo a los peores para tomar las decisiones importantes. Solo así se puede comprender que el Open Arms lleve 17 días a la espera de desembarcar a 107 migrantes. Y que el responsable de esas vidas se llame Matteo Salvini, experto en escarbar en los cubos de basura en busca de los votos de la casquería supremacista.

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