Negociar no es chantajear


No fue un error. Sobre todo porque la amenaza se repitió dos veces. A imagen y semejanza de lo que ocurría en El padrino, a las dos ministras (¿en funciones?) de Pedro Sánchez solo les faltó la banda sonora y la coletilla «que parezca un accidente». «Si quieres los 700 millones de euros pendientes, que se abstenga el PP en Madrid para que haya Gobierno de Sánchez», le espetó a bocajarro a Alberto Núñez Feijoo en un acto conjunto en A Coruña Marisú Montero, la titular de Hacienda, antigua comunista y aliada de Susana Díaz ahora reconvertida en furibunda adepta del sanchismo.

Ayer mismo, Reyes Maroto, una de las más criticadas del gabinete de Pedro Sánchez, aprovechó las preguntas de los medios para poner en juego los miles de puestos de trabajo directos e indirectos que dependen de empresas como Alcoa en Galicia. «Si la Xunta quiere que se apruebe el estatuto de las empresas electrointensivas, que Feijoo presione para que el PP se abstenga en Madrid y poder aprobarlo en Madrid», vino a decir Maroto primero a Santiago y luego a María Pita. Sin que, por cierto, hubiera réplica ni intermediación de los líderes socialistas locales, porque ni Gonzalo Caballero ni Inés Rey abrieron la boca para quejarse de la afrenta a lo poco que queda de la gran industria en Galicia.

El chantaje no tiene ni siquiera el arte del trile. Es una maniobra irresponsable más de quienes han condenado a los españoles a cien días de desgobierno sin Gobierno. Y lo que queda por delante.

La estrategia de la Moncloa parece clara. «Las injusticias deben hacerse todas a la vez», reza una de las máximas más famosas de Maquiavelo, uno de los espejos en los que gusta mirarse a Iván Redondo, el cerebro que mueve los hilos del PSOE en estos momentos. La lista de agravios del gabinete de Pedro Sánchez a Galicia empieza a parecer una enciclopedia por su tamaño. Y eso que solo va un año.

A la financiación pendiente -más de 700 millones que reclama la Xunta- hay que sumar los retrasos en infraestructuras como el corredor atlántico, los accesos ferroviarios a los puertos exteriores, la entrada en servicio del AVE, el cierre de Meirama y la fecha de caducidad de la central de As Pontes, la condonación de la deuda del Puerto de Valencia y no de la de A Coruña, la reducción de las inversiones presupuestaria en Galicia para premiar a los secesionistas catalanes...

Sánchez ha copiado algunas de las manías más reprochadas a Mariano Rajoy. No le gustan las ruedas de prensa y en breve, a buen seguro, empezará a decir que todo es un lío. Pero Galicia no puede pagar el precio de un chantaje que solo lastrará el desarrollo de 2,7 millones de personas que pagan sus impuestos como el que más.

A Sánchez, como al resto de los políticos, toca pedirle que se remangue, que negocie en serio desde ya -hasta el 23 de septiembre hay 48 días por delante- y cierre un Gobierno que atienda a lo que de verdad importa. Porque la próxima crisis está llamando ya a la puerta.

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