Para ver con claridad el lío en el que nos encontramos, vamos a plantear cinco hipótesis que, además de ser muy sencillas, están en el casillero que alberga lo mejor que nos puede pasar. La primera es que -para evitar nuevas elecciones, para cumplir el mandato de negociación salido de las urnas, y para liberar a Sánchez de independentistas, batasunos y podemitas, y del abad del Valle de los Caídos- el PP y Ciudadanos decidan abstenerse, coincidiendo con las Perseidas, en una nueva investidura. La segunda votación de este segundo intento tendría lugar el día de San Roque -«Roque santo, peregrino / líbranos de peste y males»- y el candidato obtendría 124 síes, 123 abstenciones y 103 noes aportados por Vox, por minorías desposeídas de su potencial de chantaje, y por los cómplices del frustrado frente popular del día del Apóstol.
Las consecuencias de esta idílica hipótesis serían que Sánchez formaría otro «gobierno bonito» el día 17; trasladaría su corte a Fuerteventura el 18; regresaría a la Moncloa, relajado y moreno, por la Virgen de septiembre, y ya no podría tomar ninguna otra decisión hasta que, tras la devolución de los Presupuestos de 2018, 19 y 20, allá por Carnaval, se viese obligado a disolver las Cortes, y, con la ayuda de Tezanos, lanzarse a por su soñada hipermayoría mega-absoluta, «que por mayo era, por mayo, / cuando face la calor».
La segunda hipótesis -renegociar la coalición con Podemos- está afectada por la ley que dice que «lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible». Y la tercera -sobre la que Arrimadas dirá que «¡es un escándalo!»- consistiría en que Podemos, aterrorizado por Tezanos, decidiese abstenerse, para dejar que una mayoría Frankenstein, compuesta de nacionalistas, independentistas, batasunos, versos sueltos y el diputado Garzón -que no rehúsa ser ministro florero- montase un nuevo aquelarre. En este caso, aunque parezca mentira, las consecuencias del despiporre serían las mismas que hemos señalado en el primer supuesto.
La cuarta hipótesis, que es la más realista, es que no haya más investiduras, y que, en un ambiente de cabreo y enfrentamiento morrocotudo, del que formaremos parte los ciudadanos, nos garanticemos un nuevo y colosal bloqueo allá por el 10 de noviembre, que a partir de este año debería ser, bajo la vistosa invocación de Día Nacional del «¡Je, je, yo ya lo decía!», nuestra fiesta nacional.
Finalmente, cuando reeditemos el bloqueo, muchos tertulianos volverán a decir que hay partido; que los números dan; que el pueblo exige diálogo y acuerdo, y que es una oportunidad de oro para un gobierno de progreso. Incluso habrá un despistado -que puede ser Iván Redondo- que proponga una novedosa y genial quinta hipótesis: un Gobierno de coalición PSOE-Ciudadanos, que bien podría ser negociado y firmado. Pero para entonces -dijo Tezanos- los números ya no darán (sumarán 170). El mundo seguirá girando nello spazio senza fine, y Franco descansando, impertérrito, en la hipogea basílica de Cuelgamuros.