Es verano en Waterloo. En el pueblo que da nombre a la batalla más famosa (y tal vez más trascendente) del siglo XIX habita Carles Puigdemont. Fue el presidente de la Generalitat de Cataluña que protagonizó un abierto desafío al orden democrático en España y luego huyó de la justicia. Es el referente inequívoco para su sucesor, el teledirigido Quim Torra. Y un obstáculo para la normalización de la situación política en Cataluña. Pero también es youtuber. Y ha lanzado una campaña en las redes para conseguir «muchos miles de seguidores». ¿Para transmitir mejor las consignas y proclamas independentistas? Pues no, para conseguir pasta.

En las arcas de la república de los 8 segundos debe haber más telarañas que en la caja fuerte de Mortadelo y Filemón. Y poco parné. De ahí que parte de la parroquia indepe se haya movilizado para convertir a Carles en un influencer de los que hacen caja con sus vídeos. Quieren seguidores, visualizaciones y, sobre todo, dinero. Hay más operaciones puestas en marcha para recaudar fondos para la causa. Una de las más curiosas es una excursión organizada (como las míticas de Valença o A Toxa) que permite a cualquier hijo de vecino ir a cenar en octubre con el político a Bruselas. Con avión, autocar y cubierto por 250 euros. Un planazo. Solo para fanáticos.

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Las cenas de Puigdemont, el «youtuber»