La sonrisa de Abascal


¿Qué comen estos diputados que juegan al desempate en tiempo de prórroga después de pasar los 90 minutos que dura el partido dirigiéndose miradas feroces y reproches lánguidos? La disputa para la investidura frustrada de Sánchez ha sido un espectáculo digno de un reality en busca de audiencia a costa de calidad y buen hacer, en una demostración lamentable de inexperiencia, bisoñez y tontería. Los votantes de izquierda estarán perplejos, mientras que los de derecha solo tienen que sentarse a esperar que en las bancadas de enfrente sigan infligiéndose heridas y distrayéndose aquellos que deberían cuidar de que la otra brecha -la que confirma la imagen machadiana de las dos Españas- haga impracticable la reconciliación ante la ausencia de ese ‘algo en común’ por el que merezca la pena seguir juntos. Como los alumnos perezosos, han perdido la oportunidad de aprobar en julio y, tras el clamoroso suspenso, se abre un plazo de apenas dos meses para intentar aprobar en septiembre.

En este lapso de tiempo podrían intervenir mediadores internacionales para achicar la inundación y convertir a los púgiles que se miran con desconfianza en compañeros del gabinete de ministros para poner fin a un insostenible stand by de la gobernabilidad. Para ello tendrán que hacer muchos deberes y escribir mil veces en la pizarra la máxima churchilliana de que la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás, porque el debate de investidura confirmó que por estos pagos la cultura del diálogo y el acuerdo lleva rota mucho tiempo. Lo presagiaban las tertulias de vociferio e insultos que cada semana ofrece una cadena televisiva que se precia de crear y tumbar líderes políticos, instruyéndoles en la máxima de que hay que discutir para ganar, no para hacer prevalecer la razón. Entre tanto despropósito, un renovado diputado Rufián cantaba las verdades al lucero del alba: «Soy de izquierdas y estoy harto de perder siempre», consciente de estar ante una oportunidad irrepetible porque en la convocatoria de septiembre las cosas pintarán muy feas para que ERC pueda votar a favor de un Gobierno de coalición por las novedades judiciales que se esperan. Por lo demás, la sonrisa satisfecha de Abascal me pareció más elocuente que cualquier discurso.

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