Las almejas que no existen, pero sí


En los años 80 del pasado siglo XX se inició el cultivo la almeja japónica en Europa. En Italia tuvo un éxito creciente en la laguna Veneta, llegando a producirse unas 50.000 toneladas. También en Galicia y Portugal se fue asentando en el medio natural, con un ti vai facendo de las autoridades. Todo ello sin controles sanitarios de introducción de especies ni un seguimiento de su expansión o patologías.

En el 2018 la almeja japonesa alcanza en Galicia una producción anual de 5.288 toneladas frente a las 3.478 toneladas del 2014, que con un incremento del 52 % en cuatro años aporta el 65 % de la producción anual de almejas y berberechos. Frente a ello la almeja fina redujo sus capturas en ese período en un 50 %. Con obvia repercusión en los precios debido a una fuerte demanda.

Demanda que genera la importación de 16.000 toneladas de almejas frescas, de las que un 40 % provienen de Italia y un 28 % de Portugal. La importación de almejas congeladas, sobre todo de Vietnam y Chile, supone otras 15.000 toneladas. Este gran desfase entre la importación de 30.000 toneladas y la producción en Galicia evidencia la baja capacidad del sector marisquero gallego para satisfacer la demanda.

Baja capacidad determinada por la gestión de las áreas de marisqueo y por la muy baja producción de semilla en Galicia, merecedora de una radical autocrítica de la administración pesquera y los científicos y técnicos implicados. La semilla solo cuenta con el suministro de la resiliente empresa Ostreira SA, en la Costa da Morte y en Vilalonga y O Grove, con una producción de unos 100 millones de unidades de almeja, a todas luces insuficientes para las necesidades gallegas. Lo que obliga a acudir a la francesa Satmar, como suministradora casi exclusiva de semilla. Por eso, el anuncio reciente de la Consellería de Pesca de una siembra de 20 millones de unidades de semilla en las rías además de insuficiente para la producción es pobre propaganda.

Y ahí aparece Portugal, que legalmente nos suministra el 28 % de las almejas frescas importadas. Pero si uno acude a Eurostat observa que, al igual que pasa en Galicia, la producción declarada es de 380 toneladas de almeja fina y apenas 1.000 toneladas de japonesa.

En Portugal la introducción de japonesa se inició en Albufeira, y siguió en Aveiro, Obidos, y sobre todo en el estuario del Sado y el del Tajo, este último insalubre y declarado como zona C en calidad de aguas, estando prohibida la recogida de almeja.

De su explotación y de su comercio ilegal han tenido ustedes noticia por este periódico y por el programa del chef Chicote en televisión. Pero si desean conocer más sobre esta paradoja de la almeja que no existe acudan al semanario lisboeta Expresso y lean el reportaje Escravos do rio, mayoritariamente rumanos y tailandeses, como eslabón inicial de esa trama dedicada al comercio ilegal de almejas entre Portugal y Galicia.

Galicia espera, desde aquel Plan Marisquero de 1969, lograr atender por sí misma la demanda generada por la cultura del carbonato cálcico. Por esperar.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

Las almejas que no existen, pero sí