Postureo radiactivo


Ruido blanco. El que hacen las cabinas ¿amarillas? de una noria que jamás ha girado. Nunca lo ha hecho ni lo hará. Emana de la cara mugrienta de una muñeca con el pelo enredado. Yace sobre los escombros cubiertos por una alfombra de libros. El símbolo de un futuro brillante, pero que finalmente ha sido quebrado. Una ciudad entera que lleva más de treinta años cayéndose a pedazos.

Un hospital que necesita cuidados intensivos. Todos los muros están descascarillados. Ahí están los que no quisieron irse porque no tenían nada al otro lado.

Un veneno invisible emponzoñándolo todo sin dejar el menor rastro. Un sarcófago gigantesco que mantiene aislado el núcleo, la metáfora más aterradora de lo que significa la expresión error humano.

La vida, que aun lacerada encuentra el modo de salir a flote. Una naturaleza magullada que sigue abriéndose paso. Turistas estúpidos sacándose fotos en una Pompeya moderna.

Una postal eterna del momento justo en que la tragedia dio el primer puñetazo. Entrando con su medidor de radiación en el mismo perímetro que abandonan niños y niñas cada verano.

Tres meses en los que liberarse de ese veneno obstinado. Un fondo en el que cultivar la estupidez poniendo filtros cuquis a un monumento absolutamente catastrófico.

El postureo radiactivo, que los ha dejado absolutamente insensibilizados. Hay que sentir bien poco para tener ganas de hacerse fotos en ese escenario.

Chernóbil, ellos estaban en la zona cero: «Yo arrojaba arena, plomo y dolomita al reactor desde un helicóptero»

césar toimil
Vistas de la ciudad abandonada de Pripyat, donde vivían los trabajadores de la planta nuclear
Vistas de la ciudad abandonada de Pripyat, donde vivían los trabajadores de la planta nuclear

La serie de HBO vuelve a dar protagonismo a los héroes salvaron a millones de personas que hace más de tres décadas ; el fotógrafo de La Voz César Toimil ha viajado durante años al área de exclusión para captar sus vivencias e imágenes

Ignatenko, Shcherbina, Akimov, Legasov... Si de algo ha valido la serie de HBO sobre Chernóbil ha sido para poner nombre a algunos de los héroes que hace más de tres décadas salvaron a millones de personas desde un inhóspito rincón de Ucrania. Porque lo que allí ocurrió nos habla de esa doble cara del ser humano. De su capacidad para meter la pata y de ser una heroica víctima de sus propios errores. Saltaban todas las alarmas cuando sonó el nombre de Craig Mazin como autor de la producción. Mazin, responsable de películas como Scary Movie y Resacón en las Vegas, no parecía dar el perfil para tratar un tema tan delicado pero el resultado ha sido soberbio. Relata con bastante fidelidad los acontecimientos y, sobre todo, no se recrea en el sensacionalismo facilón tan recurrente cuando se habla de la tragedia. Nos propone una mirada rigurosa, bien documentada y magistralmente interpretada.

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