Si la mezcla de estilos de la jornada inaugural del jueves hacía prever un festival variado, la oferta del viernes confirmó esta tendencia, dificultando en buena medida la elección de una franja concreta en la que poder instalarse a gusto. Las que primero consiguieron meternos en la onda correcta fueron las madrileñas Cariño, trío de pop pizpireto y millennial sustentado por guitarras eléctricas y una caja de ritmos que consiguió meterse en el bolsillo al escaso público que se concentraba ante el escenario Galicia. A pesar de que las letras de sus canciones nos transportan a los pequeños dramas de la adolescencia, sorprende la madurez melódica de las mismas, evocando a grupos algo lejanos en el tiempo como Los Fresones Rebeldes o Juniper Moon, quienes, al igual que Cariño, editaban sus discos con el sello Elephant.

Tras su pase, Igloo cumplieron perfectamente con su condición de vencedores de la última edición de los premios Martín Códax da Música en la categoría pop/indie, defendiendo el escenario grande con categoría y seguridad.

Al término, pudimos disfrutar de la delicada intervención de la ourensana Marem Ladson, que finalizaba una gira de un año de duración presentando su primer disco. Sus hermosas canciones de pop contemporáneo, deudoras de diversas influencias, tienen visos de convertirse en atemporales.

Pasadas las ocho, Iván Ferreiro provocaba el delirio de sus fans con esas canciones de los años noventa y posteriores: los estribillos fueron coreados hasta la faringitis y el abrupto final de su comparecencia confirmó que al respetable le supo a poco.

Bloc Party nos recordaron que la sombra de Robert Smith es alargada, proyectándose en la voz de su cantante, Kele Okereke. Brilló especialmente la sincopada baterista Louise Bartle, que logró detener momentáneamente una enorme nube negra con sus enérgicos golpes de charles.

Rosalía, en plena actuación en la noche del sábado en O Son do Camiño
Rosalía, en plena actuación en la noche del sábado en O Son do Camiño

La noche sin embargo pertenecía a Rosalía, que -con lluvia y todo- consiguió eclipsar una jornada que, a nuestro juicio, fue una buena oportunidad para descubrir a los modestos que no suelen acaparar los titulares.

Por Alfonso Espiño Músico e historiador

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Rosalía en el día de los modestos