Apuestas deportivas: los mecanismos de control funcionan


No se trata de una campaña. Debemos congratularnos de que se desmantele una trama vinculada al fraude en el mundo del juego, de las apuestas deportivas. En un mercado regulado como es el español y el de los países de nuestro entorno, estas prácticas no solo no se pueden consentir sino que deben perseguirse con el máximo rigor y con los mecanismos de control que existen para ello.

Desde la Dirección General del Juego, dependiente del Ministerio de Hacienda, hasta las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que trabajan muy eficazmente en este ámbito; así como los operadores (especialmente las casas de apuestas, si detectan una ganancia irregular o atípica), o los agentes (las ligas, las federaciones, los clubes y los participantes en los distintos deportes) que intervienen directamente en este fenómeno deportivo cada vez más creciente, son especialmente rigurosos en la erradicación de prácticas fraudulentas.

La regulación del juego en España, en sentido amplio, es relativamente reciente en nuestro país. Así, la ley que regula esta actividad es del año 2011, la cual en su artículo 6 contempla unas prohibiciones taxativas en la participación que alcanzan a: d) Los deportistas, entrenadores u otros participantes directos en el acontecimiento o actividad deportiva sobre la que se realiza la apuesta; e) Los directivos de las entidades deportivas participantes u organizadoras respecto del acontecimiento o actividad deportiva sobre la que se realiza la apuesta; f) Los jueces o árbitros que ejerzan sus funciones en el acontecimiento o actividad deportiva sobre la que se realiza la apuesta, así como las personas que resuelvan los recursos contra las decisiones de aquellos.

Dicha norma se hizo con el espíritu de protección de aquellos colectivos que se consideran más vulnerables como son los menores, las personas que puedan incurrir en adicción, etcétera. Y así, las obligaciones legales y éticas de aplicación en este ámbito tienen muy en cuenta la promoción, difusión y defensa de juego responsable, del juego limpio y seguro, de la prohibición de participación a los menores de edad, la autoexclusión para aquellos que puedan incurrir en algún tipo de adicción...

La cultura del juego forma parte de nuestras vidas, de nuestra idiosincrasia, desde las canicas que nos apostábamos cuando éramos pequeños hasta la quiniela semanal que hacíamos en familia, pasando por las apuestas entre amigos en una partida de mus, en un juego de petanca o en una simple competición de tiros a canasta. El juego como divertimento, como forma de esparcimiento debe ser algo lúdico, inocuo, que refuerce las relaciones sociales e incluso que potencie un acercamiento y un mejor conocimiento de los fenómenos deportivos que tanta repercusión mediática tienen. Pero contra los tramposos, los trileros o los que quieren hacer un uso ilícito del mismo, la política debe ser de tolerancia cero.

Por Miguel Juane Presidente del Comité Galego de Xustiza Deportiva

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