Vergüenza por un bocadillo

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas MIRA Y VERÁS

OPINIÓN

Un bocadillo es el pago con el que los productores de la serie Vergüenza animaron a sus fans a sumarse al rodaje como figurantes. Y se ha liado. Se ha liado porque figurar no es un capricho ni puede pagarse con una loncha de lomo ibérico. Por amor al arte y por el deseo de estar cerca de unos actorazos durante unas horas, muchos serían capaces de coger el bocadillo y otros muchos no se cobrarían siquiera ese peaje. Irían gratis. Gratis a ver a sus ídolos en Juego de Tronos (habría empujones por figurar ahí) o gratis también por estar al lado de esa pareja genial como la de Javier Gutiérrez y Malena Alterio en Vergüenza. El bocadillo es lo de menos. Y el hambre de disfrutar de una grabación puede ser voraz. La motivación para visitar un plató y participar en un rodaje es un caramelo para quienes se ciegan con la luz de las estrellas. Pero los figurantes de verdad, los que son profesionales del oficio, saben que no son solamente atrezo que come un bocadillo como recompensa. Los figurantes son indispensables en cualquier superproducción de nivel, se dedican con entrega a las exigencias de una filmación, a las esperas de horas, a los contratiempos de la meteorología, a los vaivenes de un trabajo que es la suma de muchos. Figurar para mejorar las escenas, figurar para crear el ambiente y el momento adecuados. Figurar sin migajas. Figurar sin pasar vergüenza.