«¡Con Rivera no! ¡Con Rivera no!»


Como mucha gente sensata, tengo pocas dudas de que un eventual acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos (adoptase la forma de un pacto de apoyo parlamentario o de un gobierno de coalición) sería bueno para la gobernabilidad del país; para centrar a un PSOE que, con Sánchez, ha llevado hasta extremos delirantes la deriva izquierdista de la socialdemocracia, que comenzó con Zapatero; y en fin, aunque no en último lugar, para reducir drásticamente las posibilidades de presión sobre el Gobierno del nacionalismo vasco y del separatismo insurrecto catalán.

Pero, al mismo tiempo, tengo pocas dudas de que un acuerdo de tal naturaleza tendría, más allá de las estrategias e intereses de ambos partidos, un insuperable inconveniente: que constituiría un doble fraude electoral, de proporciones realmente gigantescas. Un fraude tan morrocotudo que las elecciones del 28 de abril pasarían a ser sencillamente un trampantojo, ocultador de un terrible precedente: que los partidos pueden engañar impunemente a los electores, convirtiendo sus inequívocos mandatos en agua de borrajas.

Es verdad que el PSOE, con el claro objetivo de seguir engañando todo el tiempo a todo el mundo, fue la única fuerza contendiente que no aclaró durante la campaña electoral cuál sería su futura política de pactos. Pero todo el discurso socialista durante los últimos meses no fue otro que insistir en el frentismo: de un lado la izquierda, para que el país «siguiese avanzando con el Gobierno de Sánchez, que cambió la historia de España»; de otro la vuelta al Medievo que representaban las llamadas «tres derechas». Ciudadanos, en contraste, sí dejó absolutamente claro su objetivo: echar del Gobierno a Sánchez y al PSOE, lo que suponía una auténtica «emergencia nacional».

¿Sería democráticamente aceptable que con esos mimbres España fuese gobernada por una entente entre el PSOE y Ciudadanos? Creo que la respuesta es muy sencilla: de ningún modo. Los votantes del PSOE, bien representados por los que gritaban la noche de las elecciones en Ferraz «¡Con Rivera no! ¡Con Rivera no!», votaron contra las llamadas tres derechas. Los de Ciudadanos, para sacarse al PSOE y a Sánchez de delante. Que el PSOE y Ciudadanos hagan justamente lo contrario de lo que habían prometido en el asunto más esencial que se decidió en las elecciones constituiría por eso un engaño intolerable y un paso más en el deterioro de la política que nos ha conducido al desolador panorama en el que estamos, dominado por la fragmentación y la presencia de los populismos extremistas de izquierdas y derechas.

Sé bien que hay mucha gente que considerará esta forma de razonar una manifestación de eso que ha dado en llamarse, despectivamente, fundamentalismo democrático. Pero, permítanme decir que, puesto a elegir entre tal supuesto fundamentalismo y el oportunismo que considera las elecciones una farsa, me quedo con el primero sin dudarlo.

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