Sánchez logra la mitad de su objetivo


Dando por acertadas las dos grandes tendencias que marcaban las encuestas que fuimos conociendo a lo largo de la campaña (que el PSOE sería el primer partido y que el PP sufriría un enorme batacazo) las elecciones debían despejar, sin embargo, una cuestión fundamental: si los socialistas podrían gobernar solo con el apoyo de Podemos o si necesitarían además contar con el sostén de los partidos separatistas que, junto con los de Iglesias, llevaron a Sánchez, moción de censura mediante, a la presidencia del Gobierno.

Con los resultados de los comicios aún calientes sabemos ya que esa incógnita quedó ayer despejada con notable claridad: la suma de los escaños del PSOE y de Podemos supera ampliamente a la de los obtenidos por PP, Ciudadanos y Vox, lo que significa pura y simplemente que Sánchez podrá ser investido, en segunda vuelta, y por mayoría relativa, con el apoyo de la extrema izquierda y con la abstención de los separatistas.

¿Podrá Sánchez gobernar del mismo modo? Eso ya es harina de otro costal. Y es que lo primero a lo que el líder socialista tendrá que renunciar si quiere seguir en la Moncloa es al objetivo en el que había insistido una y otra vez durante la campaña electoral: aquella mayoría suficiente que solicitaba a los electores para poder gobernar en solitario. Como suele decirse, va a ser que no. Si Iglesias quiere -y ha dicho que quiere cada vez que ha tenido la ocasión- Podemos entrará a formar parte del ejecutivo, pues el PSOE ha ganado con la mayoría más corta que ha tenido en España el partido vencedor de los comicios desde 1977 para acá.

La gestión de un gobierno de coalición entre Podemos y el PSOE, que hoy lunes 29 de abril parece de todo punto inevitable, puede ser mucho más compleja para Sánchez que salir reelegido presidente y poner muchas más piedras en el camino de la nueva legislatura de las que previsiblemente podrá poner una oposición derrotada tras la suicida desunión de la derecha en tres partidos.

Y es que el PSOE y Podemos tienen dos culturas políticas muy distintas y en algunos terrenos casi opuestas. El PSOE ha sido desde 1977 un partido con vocación de gobierno y Podemos nació como una fuerza cuyo objetivo era echar a los mercaderes del templo y no ayudarles a administrar el tenderete. Es verdad que Sánchez ha demostrado desde que se convirtió en protagonista de la vida política española que carece de principios (lo suyo son los intereses) pero no es menos cierto que una cosa es gobernar durante nueve meses utilizando la Moncloa para hacer campaña electoral y otra muy distinta enfrentarse a la complejidad de una labor ejecutiva que ya no va a poder funcionar como una tómbola. Y más con un socio como Podemos que será desde el principio un desleal competidor del Partido Socialista.

Pedro Sánchez ha conseguido la mitad de su objetivo: gobernar. Pero la mitad que no ha logrado -una mayoría para hacerlo en solitario- muy pronto, me temo, pesará más que la primera.

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