La verdad de las mentiras de Sánchez

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

18 abr 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Nos empeñamos en llamarlas fake news, posverdad, y pedanterías semejantes. Pero tienen un nombre. Siempre lo han tenido. Mentiras. Puras y duras. Y son dobles cuando, después de mentir a esgalla y a conciencia, se niega la realidad diciendo que no se dijo lo que se dijo, y que no se hizo lo que se hizo. En este arte del birlibirloque tenemos un maestro consumado. Se llama Pedro Sánchez. Es imposible encontrar a un presidente que haya mentido tanto en tan poco tiempo. Pero si asombrosa es su capacidad para el embuste, admirable es su talento para hacer que millones de españoles olviden sus trolas y crean a pies juntillas su reinvención de la historia.

Llegó Pedro Sánchez al Gobierno ya mintiendo. «Convocaré elecciones cuanto antes», dijo para justificar su moción de censura. Y nada más pisar moqueta, afirmó que su intención fue siempre agotar la legislatura. Da igual que se le enseñe el vídeo. Esa es la verdad y punto. Aseguró que no había negociado con los nacionalistas su apoyo a la moción. Pero los propios independentistas nos han contado con pelos y señales que hubo pacto. Y todos vimos luego el precio. Acercamiento a Cataluña de los presos del procés y prebendas para los nacionalistas catalanes y vascos. Sánchez afirmó que en Cataluña hubo «clarísimamente» un delito de rebelión. Pero luego negó, en la misma tribuna del Congreso, que hubiera habido tal cosa, por más que lo diga un juez. Y ordenó a la Abogacía del Estado que retirara esa acusación de rebelión. Después de prometer que cualquiera que creara una sociedad instrumental para pagar menos impuestos saldría de su equipo, fuera ello legal o no, avaló y defendió a dos ministros, Pedro Duque y Nadia Calviño, y a su candidato a la alcaldía de Madrid, Pepu Hernández, que hicieron exactamente eso.

Un día, aseguró en el Parlamento que su tesis doctoral estaba colgada en la web. Otra mentira flagrante. Y forzó luego al Gobierno a difundir que esa tesis, manifiestamente copiada, había pasado el control de software antiplagio. Pero fue desmentido por la propia empresa que fabricó el programa y jamás se hizo pública esa prueba. Se fue después Sánchez a hablar con Joaquim Torra, para el que pidió respeto después de haberlo tachado de «racista». Y salió de la entrevista mintiendo de nuevo, ocultando que llevaba en el bolsillo un documento ignominioso con 21 exigencias que le había entregado el presidente catalán, y que cualquier demócrata se habría negado a recibir en mano. Prometió Sánchez que no presentaría los Presupuestos si no tenía garantizados los apoyos suficiente, para no «marear» a los españoles. Pero luego hizo todo lo contrario y sostuvo que eso fue lo que siempre defendió. De nuevo, da igual presentarle el vídeo.

¿Su última gran mentira? Después de despreciar a la pública TVE y aceptar, porque le interesaba que estuviera Vox, debatir en Atresmedia, ahora dice que solo irá a TVE porque es «la televisión de todos». Mentir es fácil. Hacer pasar por verdades las mentiras es ya un arte. Y en eso, Sánchez es un mago.