Escribir una columna como esta a veinte días de las elecciones parece muy arriesgado. Y lo es. Corre riesgo el columnista de quedar como un solemne pánfilo. A pesar de las consecuencias, me atrevo. Porque el columnista tiene el deber de ofrecer a los lectores su propia versión de la realidad, aunque la realidad y el columnista se lleven mal perpetuamente. Hasta aquí el exordio, voy ahora con el argumentum. Mi razonamiento en realidad es una réplica del Argumentum ad verecumdiam que soslayan voces socialistas a partir de las encuestas. Lo dicen los ‘sabios’, por lo tanto es cierto. Discrepo.
Desde antes de que Pedro Sánchez convocase las elecciones, una corriente de opinión muy cercana al PSOE comenzó a distribuir la idea de que los socialistas ganarían las elecciones. Que no había duda sobre ello y que el matiz se situaba en torno a un interrogante: con quién gobernaría. Una vez tonsurado, por propia soberbia, el vínculo que lo acercaba a Ciudadanos -el error estratégico más flagrante de las huestes sanchistas-, la especulación se detenía en si serían capaces de gobernar solo con Podemos o precisarían del independentismo. La primera opción rápidamente se desgastó porque la debacle de Podemos será gigantesca. Digna de tesis doctorales. Y hablando de tesis, parto de la firmada por Pedro Sánchez para significar una de las razones por las que creo que no será presidente. La primera: nos ha mentido de modo vergonzante. En sede parlamentaria, a una pregunta de Ciudadanos, contestó que su tesis estaba «colgada en la red». Falso, se colgó setenta y dos horas después de tal afirmación. Pero esta mentira menor no puede ocultar las grandes mentiras de las que partió su gobernanza: dijo que convocaría elecciones inmediatas y las convocó por fuerza mayor presupuestaria. Dijo que en Cataluña se habían «rebelado» contra España, y ordenó a los abogados del Estado que cambiaran la rebelión por la sedición, etc. Pero no es solo la mentira la causa de mi argumentación, hay más. Y vuelvo a Cataluña. Fue su Gobierno quien redactó unos presupuestos que para los catalanes eran Jauja y, de paso, dejaban a Galicia en la peor situación presupuestaria de toda la democracia. Fue su Gobierno quien, de modo vergonzante, permitió que su socio Iglesias fuese a negociar los presupuestos a la cárcel. Quien permitió que el lazo amarillo entrase en Moncloa. Quien llamó a Otegi para aprobar sus decretos.
Hay más razones. La economía, fundamentalmente. Sus nueve meses han sido el parto de los montes: hemos descubierto que otra vez, otra, su nombre va unido al crecimiento del desempleo y el decrecimiento de los parámetros de producción. Lógico, Sánchez asusta a las empresas con sus propuestas de subidas de impuestos o regulación laboral. En definitiva, ¿Sánchez ganará las elecciones? Discrepo y no me lo creo.