May, Corbyn y la unidad nacional

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

Asistimos asombrados a una enrevesada danza entre tories y laboristas, conservadores entre ellos, ministros y primera ministra, que no solo asombra a sus votantes sino a cuanto ciudadano y gobernante está atento a la mayor crisis de Europa.

Y en medio de todo ello una sorpresa: quienes, atentos a la prensa europea o a los banners de las ediciones digitales, se hayan detenido en una llamativa y extraña campaña publicitaria de Escocia no habrán podido sustraerse a su impacto: «Europa, eres bienvenida a Escocia». Apoyado personalmente por la primera ministra Nicola Sturgeon, para transmitir el mensaje de que los visitantes, los migrantes y los inversionistas y Europa son bienvenidos a Escocia. Algo tan coherente con el resultado de su referendo para la independencia y con el 62 % de sus votos contrarios al brexit, como la actitud que mantienen los dieciséis millones de ciudadanos de todo el Reino Unido contrarios al brexit, que observan, y no dan crédito, a la infinidad de alambicadas votaciones parlamentarias fallidas para quitarlos de donde nunca quisieron salir.

Si no estuviéramos sorprendidos por aquel referendo del 2016 que permitió, con apenas cuatro puntos de diferencia entre el salir o quedar, introducirnos en una de las mayores incertidumbres que se ciernen sobre el futuro de Europa, la secuencia de hechos que el Parlamento británico viene protagonizando alrededor del «sí pero cómo» ha comenzado a espantarnos. De las últimas cuatro opciones indicativas votadas de nuevo el lunes en el Parlamento británico, ninguna logró la mayoría. La que más apoyos logró pretendía que un acuerdo para abandonar la UE tenga que ser ratificado en un referendo. Y la que perdió por menos diferencia, tres votos, fue que el Reino Unido se mantenga en la unión aduanera de la UE con Turquía, San Marino o Andorra. Al fondo, las irlandas. Pero la realidad es que en los Comunes todo lo votado logra ser derrotado. Ayer al fin lo comprendió Theresa May, luego de nueve horas de reunión con un Gabinete dividido y en su contra. Y en un truco de quienes cuando su política, la de su Gobierno y la de su partido, los llevan a un callejón sin salida, ha pasado la responsabilidad a los laboristas, su oposición. En aras como siempre a que «vivimos un momento decisivo en la historia de nuestra isla, en el que debe prevalecer la unidad nacional y la defensa del interés nacional».

Los momentos decisivos siempre emergen cuando los malos gobernantes transfieren responsabilidades sobre sus políticas irresponsables. Bien sea acudiendo a los temerarios referendo, formales como el brexit o el griego sobre su deuda, o ilegales como el 1-O de Puigdemont y Junqueras; o también forzando la abstención o el acuerdo de la oposición, como aquel PP de Rajoy, para gobernar y salvarnos. Mientras los ciudadanos esperan, por lo menos, un brexit pactado y suave por más que a los irredentos tories no les convenza. Y Europa espera.