Jesús Gil, Vox y los Soprano


Hay historias reales que pueden dar lecciones a la ficción más disparatada. La de Jesús Gil es una de ellas. Expresidente del Atlético de Madrid y exalcalde de Marbella, fue un personaje único. Polémico, lenguaraz, ostentoso («ostentóreo», según su propio diccionari) y violento, se convirtió en un imán mediático gracias a su extrema incorrección y a su facilidad para dar titulares incendiarios.

Símbolo de aquella olvidable España del pelotazo, Gil logró engañar a muchos durante mucho tiempo. Para el imaginario colectivo quedan sus diálogos con el caballo Imperioso o las imágenes de un programa chusco de Telecinco en el que aparecía metido en una piscina y estaba rodeado de chicas en bikini. Era el verano del 91 y acababa de ser elegido alcalde con un partido llamado GIL. Su ideología, populista de derechas, antiestablishment, fue el gilismo. Su mandato, devastador, dejó un legado catastrófico: un saqueo masivo y miles de construcciones ilegales. Despreciaba la ley. Y cayó por la mano de la ley.

Policondenado por corrupción, Gil murió en el 2004 por un infarto cerebral, antes de la eclosión de las redes sociales. Pero ayer fue trending topic. Por el anuncio de una serie documental sobre su vida llamada El pionero. Y no faltaron voces que proclamaron al GIL como precursor de Vox. También hubo quien se acordó de James Gandolfini, el malogrado actor que encarnó al protagonista de la gran serie de HBO sobre la mafia, Los Soprano. Por aspecto físico y experiencia en ese tipo de personajes, hubiera sido un maravilloso Jesús Gil de ficción

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