Las pensiones de Daniel Lacalle


Suárez Illana, número dos de la lista del PP por Madrid, es hombre más progresista que Daniel Lacalle, número 4 de la misma candidatura. Al primero lo mueve el noble empeño de erradicar el asesinato de recién nacidos, crimen amparado por una ley neoyorquina inspirada en los neandertales. El segundo, con menos sensibilidad social, pretende mutilar la pensión de los abuelos de bebés salvados por Suárez de la decapitación. Ya sé que ambos envainaron la lengua y rectificaron, pero solo Suárez lo hizo con decoro: corrigió su déficit de información mediante consulta a un prestigioso bufete de abogados americanos. Su compañero de lista, gurú económico y asesor plenipotenciario de Pablo Casado, optó por culpar del traspiés al prójimo: sus palabras fueron tergiversadas. «Non nos entenden, non», que decimos los gallegos en el himno.

Para que no se me tache de manipulador, he aquí la declaración textual de Lacalle: «El debate no es cuánto se revalorizan [las pensiones], sino cuánto se recortan: un 20 %, un 30 % o un 40 %». Juzgue e interprete el lector esa frase como le plazca. Y también la posterior enmienda: no quiso decir que el PP vaya a recortar las pensiones, él se refería a otros países y a otro tiempo. Sospecho, sin embargo, que no hubo tal rectificación: simplemente, una muestra de arrepentimiento por haber sacado la lengua a pacer, porque hay convicciones -o intereses- que nunca se deben airear. Y aun menos en precampaña, período establecido para halagar los oídos del público, incluidos los pabellones auditivos de los pensionistas, la cuarta parte del pueblo soberano.

En su entrevista con Jordi Évole, el papa Francisco enumeró los cuatro pecados capitales en que incurren ciertos medios de comunicación: la propagación de noticias truncadas, la calumnia, la difamación y la coprofilia («amor a la caca», así definió el concepto). No discutiré la clasificación del sumo pontífice, pero extiendo el diagnóstico a la mayoría de los mensajes «políticos». Todos los candidatos deberían pasar por el confesionario y Daniel Lacalle, el primero.

Dice el gurú de Casado que propone una drástica e inmediata rebaja de impuestos. Pero esa medida es solo medio programa. No aclara qué gastos reducirá en la misma proporción que la caída de ingresos: ¿Sanidad, educación... o pensiones?

Dice Lacalle que la subida del salario mínimo ha sido «monstruosa», pero su partido se alarma al constatar que los nuevos pensionistas ya cobran más que los trabajadores precarizados. ¿Y cómo piensan solucionar el contrasentido? ¿Subiendo sueldos... o recortando pensiones?

Dice el nuevo PP -los marianistas, representados por Celia Villalobos en el Pacto de Toledo, se movían en otra onda- que el déficit de la Seguridad Social resulta insostenible, pero oculta que en el 2018 la cojera fue a menos y que el sistema registró superávit en los dos primeros meses de este año.

Coja usted el programa truncado del PP y añádale al muñón lo que Lacalle dijo pero no dijo. Como por arte de magia, las piezas encajan y todo cobra sentido.

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