El dinosaurio todavía está aquí

OPINIÓN

NIKLAS HALLE'N AFP

Parafraseando a Augusto Monterroso, no solo el dinosaurio sigue aquí, sino que ahora está más cerca. Al votar contra el plan de May por tercera vez, el Parlamento de Westminster ha ahondado en su parálisis, el reloj sigue corriendo y la salida de la Unión Europea sin un acuerdo se aproxima. No quiere decir que eso es lo que vaya a ocurrir, pero sí que es lo único que, de momento, hay sobre la mesa. Para calibrar el grado de confusión y división que existe en los Comunes no hay más que reparar en el hecho de que, en esta ocasión, ni siquiera se trataba de aprobar el texto de May. Esta lo había dividido en dos y solo se votaba una parte del acuerdo que, aun de haber recibido la aprobación, no se hubiese convertido en ley. Era un truco para ganar tiempo. La UE exigía una votación positiva para poder prolongar el plazo de salida hasta mayo, y aprobando medio acuerdo se hubiese cumplido con ese requisito sin cerrar la puerta a futuras modificaciones.

Pero ni así. A lo que hay que sumar que el pasado miércoles el Parlamento rechazó nada menos que ocho alternativas al plan de May en una serie de «votaciones indicativas» no vinculantes, pero muy significativas. Entre ellas, la posibilidad de un segundo referendo fue ampliamente derrotada, lo mismo que variantes más «duras» y más «blandas» del brexit. Se decía que todo el problema estaba en May, y que era mejor que el Parlamento se hiciese con el control del brexit. Por lo que se ha visto, en cambio, el Parlamento tampoco tiene la solución a este dilema.

¿Y ahora qué? May sigue. Había ofrecido su dimisión como premio si se votaba su acuerdo, pero ahora la oferta ya no sigue en pie. Tozuda como un robot, continuará proponiendo su plan. Ya ha conseguido que algunos de los euroescépticos más recalcitrantes (Boris Johnson, Jacob Rees-Mogg) voten por ella, apretando los dientes, ante el temor de que a este paso no haya brexit. Y May cree que acabará arrastrando al resto, aunque sea por aburrimiento. Pero tendrá que ser imaginativa, porque el presidente del Parlamento, el vivaz pero no muy imparcial John Berkow, quiere impedir que se siga votando lo mismo una y otra vez.

El lunes se hará un segundo intento de trazar con más «votos indicativos» una nueva ruta. Se refinarán las propuestas para ver si alguna logra la mayoría. En el fondo, los contrarios a May hacen lo mismo que ella: no aceptar que un «no» es un «no». Pero esos «votos indicativos» no son vinculantes. May no tiene por qué aceptarlos. Y si ninguno de ellos prospera y May vuelve a fracasar, la única manera de evitar una salida sin acuerdo sería solicitar un nuevo plazo, que la UE ya ha dicho que concederá solo si es largo, de un año o más. Gran Bretaña tendría entonces que participar en las elecciones europeas. El brexit quedaría en el limbo, prorrogándose la incertidumbre. Quizás habría unas elecciones generales en Gran Bretaña. Y todo volvería a empezar. Una pesadilla. Si no es ninguna de esas opciones, entonces es la salida sin acuerdo en quince días.