Fuego amigo sobre Rajoy


Sobre Mariano Rajoy ha caído el fuego amigo. Pablo Casado le dio la primera en la frente y se dedicó a sustituir sus nombres como si Rajoy fuese el culpable de sus desgracias. En la Comunidad de Madrid no dejó ni a uno de sus diez clásicos. Por ampliación, la riada afecta a Soraya Sáenz de Santamaría, cuyos equipos, conocidos como los sorayos, toda una estirpe de poder, también empezaron a conocer el color de la oscuridad y la amargura del apartamiento. Y encima, el señor Casado se rodeó de una serie de personas que caen también sobre Rajoy como una epidemia de termitas. La última, la locuaz y multipresente Cayetana Álvarez de Toledo, cuya última ocurrencia ha sido culpar a don Mariano de no haber quitado los lazos amarillos durante la aplicación del 155. La historia promete continuar porque el nuevo PP busca sus señas de identidad y la tentación de matar al padre es habitual en política.

Si detrás de todo esto está la hostilidad de José María Aznar es algo posible, pero todavía no demostrable. La única pista es que Aznar fue muy crítico con Rajoy y hoy parece un hombre feliz con un Casado que conecta mejor con la «derecha sin complejos». Lo razonable es sospechar que, para ganar terreno a Vox, hay que rehabilitar la imagen de un Partido Popular duro y, por tanto, opuesto a la práctica política de Rajoy. Y lo cierto es que el ‘señor de Pontevedra’, con sus defectos y sus virtudes, es un capital político de la derecha al que se está deteriorando ante los ojos de todo el país.

Este cronista cree que es un error. Y posiblemente un gran error. Un partido político que tiene ya una larga historia y experiencia de gobierno y oposición en todos los ámbitos territoriales no es el fruto de un presidente, ni de un equipo que acaba de llegar. Es el fruto de la suma de todas esas experiencias y de todos los magisterios de los antecesores. De la misma forma que no se puede entender al PP sin Fraga e incluso sin los ‘siete magníficos’ de los comienzos, no se entiende sin las aportaciones de Aznar, de Rajoy, de Núñez Feijoo y de otros dirigentes. Todos ellos han construido esa fuerza política, la llenaron de votos y tienen una razonable hoja de servicios.

Lo inteligente del señor Casado sería presentarse como heredero de todos ellos y como continuador de su obra. Si lo prefiere, de su obra como recuperadores de la economía después de grandes crisis, aunque se niegue a mencionar a Cataluña. Eso sería, además, lo justo y lo único capaz de integrar al pensamiento conservador en torno a sus siglas. Si Casado no lo hace, que no se lamente después de la pérdida de votos. Si establece una barrera con un hombre como Rajoy, no tenga duda de que perderá alguna o bastantes lealtades.

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