El 15 de marzo, miles de jóvenes, en 1.352 ciudades de 96 países, gritaron «¡es ahora o nunca!». Se movilizaban contra el calentamiento global siguiendo el ejemplo de Greta Thunberg, de dieciséis años, en huelga permanente todos los viernes, en su instituto, desde el pasado agosto. Lo hará hasta que su país, Suecia, cumpla con los Acuerdos de París. «Quiero que sientan pánico como si su casa estuviera en llamas -dijo en enero a los asistentes al foro económico de Davos- para que sepan como yo me siento. Los adultos no hacéis nada, por eso tenemos que hacerlo nosotros». También escucharon su reclamo en diciembre pasado en la conferencia climática de la ONU, en Polonia. A día de hoy, doce mil científicos han firmado un manifiesto dando la razón a lo que se conoce como la Revolución de la Esperanza y el Parlamento sueco ha nominado como candidata al Premio Nobel de la Paz a esta joven ambientalista, firme y tenaz. Tiene síndrome de Asperger, trastorno obsesivo compulsivo y mutismo selectivo, circunstancias que en otro tiempo la mantendrían excluída del sistema neuro normativo imperante. Hoy es inspiración y esperanza.

Recuerda a otra joven, pakistaní, Malala Yousafzal, que con once años denunciaba la prohibición de su gobierno para que las niñas pudieran estudiar. Con quince sufrió un brutal atentado talibán. Llevó su denuncia ante la ONU y en el 2014 se convirtió en la persona más joven en ganar el Premio Nobel de la Paz. Son ejemplos de una nueva generación de mujeres muy jóvenes que no dudan en salir a las calles en cualquier lugar del planeta para reivindicar igualdad, justicia y buen gobierno. Así se viene comprobando desde la segunda mitad de esta década y lo han vuelto a demostrar este último 8 de marzo. En todas ellas late el espíritu de Rosa Parks, otra mujer que simbolizó la revolución pacífica a favor de la extensión de los derechos civiles a la población de raza negra en los Estados Unidos, como reconoce la propia Greta.

Todo es posible cuando la causa es buena y necesaria, pero hacen falta modelos de comportamiento y ejemplos de liderazgo pacífico y consciente que calen e inspiren a las nuevas generaciones. Tener más edad no da la autoridad, lo importante es que la demanda sea justa. El relevo se hace patente en la era de la comunicación global, instantánea y multicultural, donde conviven Malala, Greta, y mis amigas, las pibas argentinas que luchan por la legalización de sus derechos reproductivos y la igualdad plena entre mujeres y hombres. Así lo dijo Malala, ante la ONU: «Hubo un momento en que las mujeres activistas pidieron a los hombres que lucharan por sus derechos. Pero esta vez vamos a hacerlo por nuestra cuenta».

No llevan armas; no piden castigo; traen propuestas llenas de contenido y altura moral: ellas nos enseñan.

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