Pancarta


Una manifestación, celebrada con motivo del Día de la Mujer, me permitió ver a una niña que alzaba su brazo portando una pancarta en la que se podía leer «Igualdad de género». Quizá quiso decir «Igualdad de derechos». Porque todos sabemos que tanto las niñas como los niños nacen con dos cromosomas sexuales, pero mientras los que pertenecen a las niñas son XX, los que portan los niños son XY. Evidentemente los cromosomas sexuales son diferentes y dejan marcado su género.

En cuanto a derechos, yo preguntaría a la niña: ¿qué poder social tienen los hombres que tú quisieras tener? Porque, sea el que sea, ya lo tienes. Las mujeres vienen luchando desde hace muchos años, quizá siglos, para alcanzar este nivel, pero, en el presente, en nuestro país, nuestras leyes ya no ponen obstáculos en este punto. Nos costó mucho trabajo conseguirlo y me enorgullece poder decir que he tomado una pequeñísima parte en este logro.

Claro que es posible, y sucede algunas veces, que aunque las leyes te reconocen tus derechos los hombres pueden ponerte trabas. Y lo intentan, pero tienes las leyes a tu favor y, lo que es más importante, te tienes a ti misma: tu valor, tu constancia, tu interés en alcanzar tus sueños siempre dentro de una óptica de sanos principios, honradamente, sin pretender competir con ellos en tantos problemas que surgen por egoísmos o deseos incalificables.

Si necesitas ejemplos a seguir voy a ponerte alguno reciente: yo misma. Desde pequeña sabía que mi padre hubiera querido que hubiera nacido niño y que fuera médico. Lo recordé llegado el momento de ir a la universidad, y le dije: yo no puedo ser un hombre, pero puedo ser médico. Si eso es lo que quieres, puedo ir a la universidad. Así fue y me incliné por elegir mi futuro como médico inspector de la Seguridad Social. Me parecía más interesante que el de médico asistencial. Pero entonces no era posible porque la ley no lo permitía.

Fue preciso esperar algo más. El 22 de julio de 1961 nuestro Gobierno llevó a las Cortes para su aprobación una ley destinada expresamente a la mujer, en la que se contemplaban derechos políticos, profesionales y de trabajo, y entre ellos se encontraba el ingreso en el Cuerpo Sanitario de la Seguridad Social, Escala de Médicos Inspectores.

Entendí que había llegado el momento de cumplir mi deseo. No era nada fácil. Pero ya había superado bastantes obstáculos y no estaba dispuesta a detenerme ahora. En agradecimiento debo decir que el presidente del tribunal juzgó que yo había mantenido un gran nivel y que él no podía hacer una injusticia en mi caso.

Y así fue cómo conseguí convertir en realidad mi gran sueño, que entonces parecía tan difícil de alcanzar y que me convirtió en la primera mujer en España médico inspector de la Seguridad Social. Es más. Poco después se inauguró la Ciudad Sanitaria de La Coruña y desde Madrid me llegó el nombramiento de director del Hospital Materno-Infantil de esta ciudad sanitaria. Fue así como llegue a ser la primera mujer de España director de un centro hospitalario de la Seguridad Social. Mi deseo se cumplió con creces. Yo no aspiraba a tanto.

Por eso te digo, pequeña niña, que ya tienes lo que quieres. No es precisa una pancarta. Solo buena preparación y un tribunal justo.

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