Presidente del Gobierno


Un grupo de profesores jubilados del Instituto Sánchez Cantón, acudimos con cierta regularidad a los comedores del Carlos Oroza, que se dedica a la formación de profesionales de la restauración. La comida es una clase, supervisada por un profesor. Los alumnos sirven impecablemente las elaboraciones de otros alumnos que están en las cocinas.

 El viernes 8 de febrero montaron, a mediodía, una Cena de gala en honor los reyes de España. Una mesa larga, como las del Palacio Real, con vajilla, cubertería y cristalería alineadas. Los alumnos, de negro, con pajarita y guantes blancos sirvieron de modo magistral esa «cena» de gala.

Como un ejercicio de protocolo, la profesora y los alumnos designaron entre los comensales una reina y un rey. Además había tarjetas, con el nombre de cada comensal, y, debajo, el cargo que ostentaban. A mí me asignaron el de presidente del Gobierno. Pese a la sorpresa, reflexioné sobre lo que haría si el nombramiento fuese efectivo. Mandaría a hacer puñetas a todos los independentistas que presionan para conseguir sus objetivos, sin esperar a una bochornosa sesión del Parlamento con la votación en contra de los presupuestos y convocaría elecciones cuanto antes. Dejaría en paz los huesos de Franco. Comparen las decisiones del auténtico presidente del Gobierno con las de este interino que acabo de mencionar. Nula coincidencia.

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