Último servicio


La Voz publicó una información con el siguiente titular: «Sin donantes mayores, los trasplantes se reducirían de forma dramática». Se añadía: «El número de personas de más de 60 años que ceden órganos casi se duplicó desde el 2010».

No hace tanto, los órganos trasplantados procedían, en buena medida, de jóvenes fallecidos en accidentes de tráfico. Por suerte, el número de ese tipo de accidentes ha disminuido y, en consecuencia, también la donación de órganos para trasplantar a pacientes que los necesitan.

Con el fin de que España se mantenga como líder mundial en trasplantes, se salven vidas y se mejore la calidad de vida de otras personas, se ha recurrido a los órganos de las personas mayores, cuando reúnen las condiciones idóneas para el fin que se busca. Así, los órganos trasplantados proceden, en un 57 % del total, de personas de más de 60 años. De ellos el 31 % tenía más de 70 años y el 9 %, más de 80 años.

Después de una vida de trabajo, de luchar por crear una familia, de contribuir a la formación y tutela de los hijos, de jubilarse, de atender a los nietos en todo lo que sea menester y mucho más, al llegar el momento final los ancianos todavía prestan un último servicio, donando sus órganos en buen estado para que no se mueran con ellos, sirvan para dar mejor vida a otras personas que los necesitan y así continúen viviendo en otros cuerpos.

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