Casado se queda sin espacio


En el 2011 el PP de Rajoy ganó las elecciones con casi 11 millones de votos (44,6 %), el mejor resultado de su historia. Cinco años después, perdió tres millones (33 %). Hoy las encuestas, con Casado al frente, le dan un 21 % de media. Ha perdido más de la mitad de sus apoyos en ocho años. El desplome es espectacular. La hemorragia tiene dos vías. Una parte de su electorado se ha ido marchando a Ciudadanos, más contundente en el conflicto catalán, y otra, esos votantes próximos a la ultraderecha y desencantados con Rajoy, se está fugando en masa y de golpe a Vox. Un achique de espacios en toda regla más que preocupante para Casado, cuya estrategia de alejamiento del centro político y giro a la derecha no le está dando resultado. Ante este escenario, en lugar de optar por una política centrista y moderada, al estilo Feijoo, el hiperactivo Casado lo ha hecho por radicalizar su mensaje y asumir parte del discurso y el lenguaje de Vox. Incluso ha recurrido a los insultos a Sánchez, al que ha llamado ‘golpista’, ‘presidente ilegítimo’ o, recientemente, ‘cobarde’. Su análisis del declive popular coincide, sin explicitarlo, con el de su mentor Aznar: Rajoy era demasiado blando. Ninguna autocrítica sobre la corrupción, que fue la que finalmente lo echó del poder. Ahí está su reivindicación de Aguirre y del propio Aznar, bajo cuyos mandatos creció esa lacra espectacularmente. Está comprobado en Europa que los partidos conservadores que asumen los postulados de la extrema derecha son devorados poco a poco por ese monstruo que crece y crece por doquier. Casado ya lo fía todo a ‘hacer un Moreno Bonilla’. Pero ni siquiera tiene asegurado ganar la competencia de las tres derechas. Ni, si lo lograra, el apoyo del voluble Rivera.

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