Un proyecto de país


Permítanme un recuerdo lejano. Hace años, cuando Galicia empezaba a acariciar el largo sueño del AVE, un empresario lucense, Francisco Moure Bourio, me dijo en un encuentro de gallegos en Madrid: «El problema de Galicia no es solo el AVE, el problema de Galicia es el transporte ferroviario de mercancías, que es el gran olvidado». Fue el primer lamento que escuché, la primera queja que debo confesar que en aquel momento me sonó a reclamación interesada. Hasta ayer, al conocer la reunión de los presidentes de Galicia, Asturias y Castilla y León en la que nació formalmente la iniciativa del Corredor Atlántico.

Moure tenía razón: los discursos de los tres presidentes no fueron una colección de palabras; fueron un clamor contra la marginación de tres comunidades ante un gran desafío del futuro. Si el empresario lucense hubiera tenido eco a su demanda en aquel tiempo, hoy no tendríamos que andar suplicando.

¿Qué le ocurre al transporte ferroviario? Que durante los últimos 25 años los gestores públicos se dejaron llevar por la fiebre del AVE, sin duda necesario, y la presión popular por tener uno a la puerta de casa y le dedicaron la mayor parte de las inversiones. Ahora nos damos cuenta de que el 80 % del transporte de personas se efectúa en el tren convencional y aparece el caso de Extremadura, propio del siglo XIX; algo que nos suena como conocido, por lo menos recordado, a los gallegos. Y descubrimos que el transporte de mercancías es el gran abandonado: frente al 83 % que utiliza la carretera, al tren solo le queda el 1 %. ¿Por qué? No hay que buscarle misterios: porque no es atractivo, ni por su rapidez, ni por su economía.

El relanzamiento del Corredor Atlántico es, por ello, la iniciativa más sugestiva de este tiempo. De él depende el dinamismo de la economía regional, la ruptura del aislamiento, el acceso eficaz a los mercados y todos los derivados: empleo, fijación de la población e impulso a la producción. Lo triste, como siempre, es que Feijoo, Fernández y Herrera se tienen que poner a suplicar al Estado los 3.000 millones de euros que Europa reclama para la financiación del proyecto. Es una miseria, porque es una cantidad a dividir en seis anualidades, y, perdonen la odiosa comparación, el total de los seis años es menos de lo que se ofrece a Cataluña en un año para ganar el voto independentista a los Presupuestos.

Vale que el proyecto decaiga por deficiencias técnicas o por resultar inviable. Sería imperdonable e inasumible por las tres comunidades que decayera por tan poco dinero. Ahí tiene una prueba el señor Sánchez: la prueba de si aspira sencillamente a estar unos meses en la Moncloa o tiene realmente un proyecto de país.

?Del Corredor Atlántico depende el dinamismo de la economía regional, al ruptura del aislamiento y el acceso eficaz a los mercados

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
45 votos
Comentarios

Un proyecto de país