La vida no tiene guion


Siempre nos parece que el futuro está ahí, esperando por nuestra mejor versión, pero el futuro no existe. Creyentes y no creyentes, la vida no tiene guion. El lunes no es peor que un viernes. El lunes tiene las mismas horas que un viernes, el problema somos nosotros mismos y las circunstancias. No hay más. Ya está escrito que el presente tiene nombre de regalo por algo. Está muy bien planificar, pero no se dejen llevar por el viaje del año que viene. Si pueden, viajen ya. No lo duden. Nadie es capaz de controlar todo lo que les rodea. Es mucho mejor el efecto esponja. Déjense empapar por lo que tienen alrededor. Traten de disfrutarlo siempre que puedan. Es terrible la energía que se pierde en cabrearse, en enfadarse. Y es todavía mucho más lo que se dejan los odiadores. El odio consume mucho más al que odia. El odio y el rencor son tan tóxicos y poderosos como centrales nucleares. Hoy mi compañera Marta Otero cuenta cómo el acoso en los colegios destroza vidas, tuerce biografías. No se acerquen a esa gente que siempre tiene la razón, que la grita, que están exasperados y que imponen su dictadura ya desde niños. Un amigo sabio me dijo una vez que cuando cumpliese años, ya los cumplí, me pasaría lo siguiente: «Irás por la calle y alguien a quien creías amigo cruzará de acera para no verte. Piensa en seguida qué favor le pudiste hacer». Acertó. El peor acoso es el que se hace de forma descarnada. Pero hay otro acoso terrible: el de esa gente que te acaba odiando con todas sus fuerzas por sus errores. La culpa siempre es de los demás. No. La culpa es nuestra. Cada uno carga con la suya. Porque la vida no tiene guion y se rueda sobre la marcha. Que se lo digan a Julen o a la mujer que murió en París en su primer viaje al extranjero.

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