Alfalfa y su pandilla


Le llaman la caja boba, pero la boba no es ella, sino quien se emboba ante ella. Así se despedía la fallecida Lolo Rico de La bola de cristal, el espacio para niños que había dirigido durante cuatro años con una libertad que resulta pasmosa vista con los ojos de hoy. El programa no dejaba a nadie indiferente. Para muchos sigue siendo el referente de una programación infantil de calidad que ya no existe en las cadenas convencionales; otros consideran que la nostalgia lo ha sobrevalorado y, para algunos más, fue un formato desconcertante en el que hubo que esperar a crecer un poco para entender la esencia transgresora y subversiva que escondían consignas de la Bruja Avería como «¡Viva el mal! ¡Viva el capital!». La bola de cristal no disparaba solo sobre las ideologías políticas. Hoy se convertiría en veneno para el share con sus consejos sobre leer más y mirar menos a la pantalla.

Uno de sus mayores hallazgos fue su selección de series antiguas que los niños jamás habrían descubierto de otro modo. Las aventuras de Spanky y Alfalfa en La pandilla, la Familia Monster original y los hechizos de Embrujada fueron sembrando en aquellas mañanas de sábado el amor por la ficción televisiva en una época en la que había que esperar siete largos días para ver el siguiente capítulo.

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