El día después


Siempre hay un día después, tal vez sean semanas o algunos meses que transcurren al cerrar un ciclo, son los hitos recurrentes que definen las estaciones anuales, que clausuran inviernos y veranos, y que frenéticamente declaran que a otra cosa mariposa.

A la larga Navidad sucede un deprimido día después, con enero casi mediado, que anuncia el fin del espejismo que nos hacía ver una etapa de vacas gordas donde solo existía una débil aceleración económica, que iba esquivando amenazas reales, desde el brexit británico hasta el preocupante avance del populismo que como una amenaza de un edulcorado neo fascismo recorre Europa.

En los tiempos de Internet, con las nuevas plataformas digitales y los social media cambiando nuestro modo de pensar y de gestionar nuestro espacio político, el llamado paleo conservadurismo, la reivindicación de un viejo/nuevo lenguaje simplista en lo político y sin complejos, la incipiente hegemonía del pensamiento all right, el reagrupamiento en torno al llamado the movement de Steve Bannon, ex asesor del Trump y manipulador de las viejas tesis conservadoras y judeo cristianas, que intenta rehabilitar; se anuncia una nueva primavera europea para el día después de la jornada electoral de mayo con motivo de la renovación de los diputados de la eurocámara.

Ha pasado el tiempo de Renzi e incluso de Macron, acosado por las tesis antisistema de un movimiento sin líderes, agrupados en los chalecos amarillos de inusitada violencia. Es la hora de los populismos, del soberanismo de la xenofobia más o menos encubierta. Es el momento de Salvini y de «primero Italia», de Viktor Orban y la retorica nacionalista y la nostalgia panmagiar en una Hungria revisionista, de Marine Le Pen y su aggiornamento del Frente Nacional francés, la Liga del Norte italiana o el AfD alemán.

Un viento oscuro recorre Europa desde Austria y su eurofobia hasta la consolidación de Verdaderos finlandeses y los partidos de extrema derecha de Suecia o Bélgica, empeñados en acabar con el llamado mamut de la Unión Europea.

Han perdido el pudor, ya no disimulan, están crecidos, y nuestra democracia ha posibilitado su crecimiento, y la inmensa corrupción de la clase política propició su consolidación.

Y se ha sumado Vox, el partido español que juega en esa liga, y que cuestiona, todavía tímidamente, la mayoría de las conquistas sociales que nos hemos dado en estos últimos cuarenta años. Vox, nacido del mismo corazón del Partido Popular, del corazón de la Faes, partido al que acusan de tibieza y de socialdemocracia oculta, bien amado por Bannon y que inició su recorrido -reconquista, le llaman-, tras las elecciones andaluzas.

Estamos de lleno en el día después, nos aguardan tiempos confusos, complejos, que habrá que evitar apostando más por Europa y profundizando en los valores de la democracia que posibiliten alejar los fantasmas de un miedo real antes de que se convierta en pánico.

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