Grave error táctico de Casado con Vox

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

La bisoñez, y también la soberbia de quien renuncia a consultar a compañeros de partido que cuentan con mucha mayor experiencia de gestión y liderazgo que él, llevó a Pablo Casado a plantear una negociación con Vox de la peor manera posible. Dando por hecho de inicio que podría pastorear y someter a una fuerza extremista en plena campaña de promoción. Lo que Casado ofreció a los de Abascal fue que ocultaran los puntos más radicales de su programa para no asustar al personal. Y que, luego, ya irían negociando a lo largo de la legislatura el afeite o derogación de determinadas leyes. Que escondieran la patita, vamos. La respuesta de Vox, como no podía ser de otra manera, fue la contraria. Te vamos a apoyar. Pero antes de ello, todo el mundo sabrá qué clase de partido te va a dar la presidencia de Andalucía y qué es lo que defiende. Ese, y no otro, era el objetivo del provocador documento previo de Vox.

 Al joven Casado le sobra un poco de precipitación, de hiperventilación dirían algunos, y le falta todavía bastante de la flema y astucia necesarias para manejarse por las procelosas aguas en las que se mueve hoy la política española. Si desde el inicio PP y Ciudadanos hubieran anunciado que presentarían la candidatura de Juan Manuel Moreno sin negociar con Vox, no estarían en peores condiciones que ahora. De hecho, habrían conseguido igualmente que el partido de Abascal apoyara la investidura. Y el PP se habría ahorrado el dar acuse de recibo a semejante engendro programático, aunque haya sido para cepillarlo.

Forzar una repetición de las elecciones habría producido una movilización y una asistencia en masa a las urnas de los votantes socialistas y hasta de Podemos que, desencantados con sus respectivos partidos, se quedaron en casa el 2 de diciembre confiados en la victoria. Arruinar así la oportunidad de promover un cambio en Andalucía después de 36 años de régimen socialista habría sido un despropósito que difícilmente habrían perdonado muchos de los que votaron a Vox sin saber en qué oscuro pozo se estaban metiendo. Que no son pocos. Era obvio por eso que, con acuerdo o sin él, Vox iba a apoyar la investidura de Moreno. Y, por tanto, Casado podría haber mantenido en toda esta negociación una posición de mucha mayor firmeza frente al machismo de Vox.

En todo caso, también Pedro Sánchez debería explicarnos por qué si ve necesario un cordón sanitario contra Vox exigió la dimisión de Susana Díaz pocas horas después de que ganara las elecciones en Andalucía, renunciando así de antemano a tratar de impedir que los de Abascal fueran imprescindibles. Resulta cómico que fuera precisamente él, que no ha ganado unas elecciones en su vida, quien pidiera la renuncia a Díaz, impidiendo así cualquier capacidad de maniobra que cerrara el paso a la ultraderecha. Algún malpensado podría imaginar que Sánchez solo piensa en sí mismo. Y que lo que desea es que PP y Ciudadanos gobiernen la Junta de la mano de Vox para blanquear así, por comparación, su alianza con el independentismo xenófobo.