Si el Sergas, los médicos o la asistencia sanitaria aparecen en las tiras dibujadas de los periódicos es indicio de que un problema social se ha convertido en político. Tal es el caso de la tijera boomerang de Pinto & Chinto, o del singular método gallego de triar y diagnosticar por síntoma a mano alzada de Davila. Hace años el profesor Sánchez-Salorio reflexionó sobre el «Cambio de papeles en la función social del médico. En ese análisis diagnosticaba una proletarización -paso de artesano a trabajador industrial- de los médicos. Con el agravante de que si la función del médico es «curar a veces, aliviar muchas veces y consolar siempre», la precaria condición laboral y organizativa a la que los médicos están sometidos ahora no lo hace fácil. Sostiene Sánchez-Salorio que el reto individual de los médicos de curar a un paciente se transforma en un reto colectivo: atender a todos los pacientes. En los centros de salud el acto médico se simplifica. El médico es valorado por la Administración por su capacidad de despachar más pacientes en su tiempo de trabajo. El médico no es solo el intermediario entre el paciente y la ciencia moderna, también lo es entre el paciente y la gestión sanitaria. Su actividad se vuelve gerente-dependiente. Cuenta la leyenda que el Ministerio de Sanidad no ha hecho un análisis de la población médica existente por especialidades y territorios, ni de proyección de necesidades para el futuro, desde que Ana Pastor fue ministra de Sanidad. Sea cierta o no la leyenda, la realidad es que los gobiernos autonómicos son los que generan la demanda, tanto en la formación de especialistas mir como en las plazas necesarias en el sistema sanitario. Por ello, el argumento esgrimido por las autoridades -«No hay médicos» se vuelve contra quienes lo esgrimen: gerentes y políticos que lo hubieran hecho posible. Pero esta reiterada justificación de las autoridades sosteniéndose en la escasez de médicos tiene indicadores que la cuestionan. El pasado 25 de noviembre en las oposiciones de 241 plazas de médicos de familia en Galicia había 1.100 inscritos. Es decir 4,5 médicos por plaza convocada. Dicen que todos están trabajando. Obviamente en precario con contratos por días u horas o solo para guardias, o en trashumancia permanente. En Cataluña el mes pasado, luego de cuatro días de huelga en la atención primaria y la concertada (singularidad catalana), la reivindicación de incrementar en 200 el número de médicos de atención primaria fue asumida por el Gobierno catalán. Nadie dijo que no había médicos. Y así podríamos seguir dando datos de la Organización Médica Colegial, o de algunos sindicatos. Sería de agradecer que los gestores y políticos expliquen y analicen la realidad con datos, incluso la de los problemas organizativos y de gestión por ellos generados, y hablen también de la precariedad y trashumancia ofertadas a esos médicos que no hay, pero que existen.